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Porque hoy vemos competencias por las candidaturas que son ferias de cobre o querellas de ineptos
Carlos Castillo Peraza

No lo digo desde una trinchera partidista, hablan los hechos. En el PAN recae una enorme responsabilidad para evitar la debacle de México.

El partido etiquetado desde hace varias décadas por Vicente Lombardo Toledano como de derecha, por muchas razones y no precisamente atribuibles a su buen desempeño, está a la vanguardia de la vida política nacional, constituyendo la principal fuerza política para oponerse a esa entelequia, esa eficaz demoledora de nuestro Estado de derecho que es la supuesta cuarta transformación.

Acción Nacional no tan solo fue la opción más votada después del partido en el poder, sino la que, por su tradición democrática y su doctrina política, es hoy el dique de contención a los abusos en el ejercicio del poder.

El PAN se sustenta en los mismos principios que hoy defienden los partidos más exitosos en las democracias liberales, los de la Ilustración, concebidos en la segunda mitad del siglo XVIII y que fue definido por Kant como el periodo en que la humanidad alcanzó la mayoría de edad.

Ubiquémonos en nuestra realidad. La cuestión que a muchos nos inquieta es si AMLO, con todos sus desvaríos y con un equipo mayoritariamente inepto, se saldrá con la suya de constituir una corriente política que se institucionalice y perdure más allá de su sexenio.

Me atrevo a vaticinar que no lo logrará. Larga disquisición requeriría sostener mi dicho. Sin embargo, hagamos un ejercicio de prospectiva. Supongamos que Morena gana la elección a la Presidencia de la República en 2024 y lo hace con la candidatura que más garantiza la continuidad del poder de López Obrador, Claudia Sheinbaum. Al siguiente día de la elección, empezaríamos a escuchar la oración fúnebre de ese partido que no subsistiría sin su jefe, menguado en su poder y sin una mínima dosis ideológica que dé coherencia a sus corrientes internas. Propongo desde ahora su epitafio: “Aquí yace una mentira”, porque el movimiento no fue, no ha sido ni será de regeneración, sino de destrucción nacional.

Pero retornemos al inicio. El liderazgo que debe asumir el PAN tiene una enorme dificultad en su método para elegir dirigente. El Consejo debe tornar a ser el órgano idóneo, a pesar de su manipulación actual, para tomar esas decisiones. Lo dije en marzo de 2013. Con su afán protagónico y de manera irresponsable, Javier Corral propuso en una asamblea que se abriera el derecho a votar a toda la militancia. Gustavo Madero, pensando más en sus ambiciones personales que en la vida institucional del partido, dejó pasar la propuesta. El 99 por ciento de los militantes fuimos despojados de nuestro derecho a aspirar a dirigir nuestro partido. Recolectar más de 40 mil firmas para obtener el registro para contender implica un costo accesible para muy pocos. Las experiencias han sido nefastas. Se detonó lo que en el argot panista se conoce como “onda grupera”.

Un problema de todas las democracias es la frivolidad y ligereza con que los ciudadanos se postulan a cargos de responsabilidades delicadas. No hay la más elemental reflexión ética. Les suplico a quienes se han anotado para presidir al PAN, por un mínimo de responsabilidad con el partido que se comparen con quienes han desempeñado el cargo, sobre todo los de las primeras décadas. ¿Conocen su doctrina y su historia? ¿Tienen los atributos para propiciar el necesario ejercicio de reencuentro de los panistas? ¿Aman a México y al partido o es solo un proyecto individual?

Hoy es más vigente que nunca la concepción de la política de Manuel Gómez Morin: organizar la vida de la comunidad para disminuir el sufrimiento que nos hacemos unos a otros. Podemos decir que el pueblo de México es más sufrido hoy que a inicios de este gobierno y que muchas causas son imputables a malas decisiones del poder. Enorme deber ser panista.

Por: Juan José Rodríguez Prats

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