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Esto ocurrió allá antes de que las aulas cerraran.
Antes de que fueran prisioneras del silencio.
Antes de que la soledad fuera su única compañía.
Antes de que los docentes trabajaran online.
En homenaje a su invaluable labor.

Secundaria…ah secundaria. Esa etapa en que dejas de ser el niño gracioso de papás para mutarte en un puberto.
Puberto, no adolescente.
Esa etapa en la cual te brota bigote (aunque sea de hormiga).
El primer FM –en lenguaje de chavos faje moderado–,
Las “tres de ley” (fumar) que en realidad saben a arena, sin embargo, todo principio tiene su final.

Precisamente ese final comienza con las merecidas vacaciones.
Los días de levantarse y dormirse a la hora que te de gana, de ser amo y esclavo de la TV.
De ser un adicto al whatsapp y/o al feis.
Convivir y amar tu tufo.
Bañarte cada que te acordabas y olvidar ese criminal acto de enclaustrarte ocho horas en un salón, también se acaba.

7 de la madrugada.
Frío y una especie de sapo brincando en el estómago.
Tímidos y miedosos pasos entrando a un salón donde perfectos desconocidos te barren de pies a cabeza.
Silencio, una fúnebre elipsis parecida al de un funeral.
Mirar al de al lado, al de enfrente, al de atrás y hacer un mutis de sonrisa sin que te salga una sola palabra.
Imagínese que hace cinco días comenzó el ciclo escolar 2019-2020 (desde luego que por la cuarentena en estos momentos todo es en línea, pero ayúdeme, cierre sus ojos —obvio siga leyendo— e imagínese ese nerviosismo al entrar a una nueva escuela.

Si bien, los primeros cinco días fueron mortales, ¿qué pasó en 40 horas de clases?, a continuación le relato la historia de un servidor.

Los compañeros
Cuando llegas al salón y es tu primer día de escuela siempre buscas un lugar dónde sentarte y por ironías de la vida la “bolita” de gandallas siempre está hasta atrás.
Y desde ese escondrijo se encargan de molestar a todos los de adelante.
Clásico. Las plumas Bic (sí, las que no saben fallar), son usadas como cerbatanas para reventarle en las orejas de sus compañeros bolitas de papel babeado.
En fin, si te sientas a su lado malo y si te apartas de ellos, peor.
Lo cierto es que elegir la banca es pieza fundamental del éxito o del fracaso.
Le explico por qué:
Si alguna vez en su época de estudiante se sentó al fondo, seguro fue tachado de flojo
Hasta adelante fue masacrado con las preguntas
Cerca de un nerd, aprobó con un 8.5 y junto a la chava bonita igual y hasta la conquistó, ¿que no?
Y aunque los primeros días haya llegado en estado zombie, con el tiempo se acostumbró. Lo mismo le sucede a todos los preparatorianos, quienes meses más adelante se adaptarán.

El viacrucis del desconocido

El primer día es un verdadero ridículo. Mientras como vil indocumentado te ocultas de la migra, cuando ven la numerosa lista, se les ocurre “hacerlo más enriquecedor” y propone a cada uno ponerse de pie, dar su nombre, estatura, edad, teléfono, correo web, calificaciones en la primaria, aspiraciones, temores, habilidades:

“Eh este… mi nombre es Fernando José. Tengo 16 años, vengo del Washington y entré a esta escuela porque, porque, este… quiero ser Judicial como mi papá”.
Hágame usted el favor
Obvio, no falta el chistoso que dice llamarse Sergio Ramos (sólo falta agregar que es defensa del Real Madrid).

Después de casi 40 minutos el docente remata con algo así:
“Bien jóvenes, ahora que nos hemos presentado, les voy a ser sincero. No recuerdo sus nombres, tengo muy mala memoria, y para no confundirlos les voy a decir “ey muchacho, ey muchacha”.

Pero la pesadilla aún no termina.
Al concluir la clase llega otra miss, y como el resto de la plantilla continúan religiosamente la revisión aduanal una y otra y otra vez.

Ches profes…
Pero también les toca a ellos.
El primer día los masters se presentan y parece que son los más buena onda del mundo.
Sonrientes, llevaderos, tutean e inspiran confianza.

Que pasó chavos, ¿cómo están?, ¿cómo les va?, yo soy Manuel, su maestro… ¡qué maestro, su amigo!, les impartiré la materia de Cálculo. Va a estar padrísima la clase, verán que aprender es bien fácil y divertido.
Oiga eso suena bien profe…
Oh, ustedes échenle ganas y verán los resultados, es más ¿dime cómo te llamas?
Leodegario.
Órale qué padre nombre, Leodegario, me hubiera gustado llamarme así, pero bueno, vamos a empezar la clase, ¿qué les parece?

Y todos se van con la finta. Todos piensan: ¡caramba éste sí es profesor!
Pero al día siguiente no es el mismo.
Es Manuel, el educador que imparte Cálculo, seco y como si se hubiera caído de la cama saluda dando una orden:
Buen día. Saquen su libro de Cálculo en el ejercicio 340 de la página 42 y vamos a empezar a dictar con…
¡Qué hongo profe!, soy Leo, como Leo Di Caprio ¿ya cambió su acta de nacimiento?, recuerde que le gustaría llamarse igual yo.
¿Yo dije eso?, cálmate escuincle, yo no digo bobadas, de seguro tu papá se llama Telésoforo o Ataulfo.

La bendita apodada
Recuerda el cus cus que sentía al momento de entrar a la escuela. ¿Le pusieron apodo?
Mire que la importancia del sobrenombre ya sea en la primaria, secundaria o bachiller era tal que incluso se convirtió en un infierno que dejó secuelas y que muchos aún no superan
Al menos eso confesó el amigo de un amigo.
Aquí le van algunos, ah y decir el significado está de más.
La memela
La Cauh
Chubaka
Bob Esponja
La Quena (ojo, no la flauta)
La cema
Chocorrol
El resbalón (por atrás parece res, por delante balón)

Total, los primeros días las libretas lucen impecables.
Apuntes en tres colores
Palabras y oraciones subrayadas, orden, hasta huelen rico.
Pero al cabo de una semana o un mes terminan rayoneadas, con graffitis, y por supuesto letra de briago o doctor.
¿Apostamos si no conoció a alguien así o está leyendo su historia?

Es importante aclarar que todo lo plasmado volverá a suceder una vez que la epidemia por Coronavirus sea controlada.
Una vez que todos hagamos conciencia.
Una vez que entendamos que es quedarnos en casa es indispensable para aplanar la curva.
Nuevamente todo volverá a la normalidad.
Los tiempos de Dios son perfectos.

Por: Arnoldo Márquez
Foto Christopher Damián

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