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Ni en el universo de las redes, ni en mis modestas colaboraciones editoriales suelo utilizar sustantivos o adjetivos que no podría expresar en ninguna reunión, congreso o coloquio de la Liga de la Decencia sin ser justamente censurado, como se dice en la jerga jurídica de los contratos, me voy a permitir explicarle que en lo sucesivo cuando se trate de mencionar a personas de corto entender o con alguna discapacidad intelectual de cualquier tamaño lo hare con una “P” de ya sabe qué.

En el universal mundo de los datos hay algunas cifras que difícilmente se acercan a la realidad dura y absoluta, por una parte las estadísticas que miden los grados de corrupción en los diferentes ámbitos o niveles de la vida en sociedad son un engaño, el principio del que parten las encuestas sobre el tema es poco objetivo, ¿Cuál es la percepción de las personas acerca de la corrupción? Por lo general se tiende a expresar una opinión y no necesariamente que indique lo que se percibe, la mayoría de las encuestas no la miden en su justa dimensión por el simple hecho de que el fenómeno de la corrupción es una actividad “clandestina”, es muy difícil o imposible que quien la practica confiese que es un corrupto, de otras estadísticas ya he presentado mi punto de vista como el caso de las relaciones extraconyugales (no me gusta nombrarlas “infidelidades” en virtud de que yo de ninguna forma pretendería censurarlas) en las que uno de los miembros o los dos consortes se permiten jugar en canchas ajenas a las habituales o moralmente incorrectas si la moralidad fuera susceptible de ser medida.

He leído y presenciado tratados y exposiciones acerca de “P” (aquí ya se sabe a qué me refiero), Facundo Cabral en sus coloquios y Don Hermenegildo L. Torres en los suyo, nos hacen una explicación más o menos detallada del problema,  al universo de los “P” pertenecemos casi todos los humanos con algunas muy honrosas excepciones, hasta el mismo filosofo Sócrates lo confiesa en su más íntima intimidad “yo solo sé que no se nada” que luego se viralizó y dispersó en todo el mundo y atravesó la llamada noche de los tiempos, el asunto es que no podemos disponer de ningunos datos estadísticos acerca del fenómeno, muchos millones de habitantes de la Tierra lo son y no lo saben y otros muchos lo saben pero no se atreven a salir del clóset y por tanto es muy difícil o imposible conocer las estadísticas reales de corruptos, practicantes de las actividades extraconyugales de todo tipo y distinguidos hombres y mujeres “P”.

Perfil. Juan María Alponte, pasión por la realidad

El escritor e historiador Juan María Alponte

Lo anteriormente expuesto podría formar parte de la cara pesimista de los seres humanos, sin embargo y no creo equivocarme en ningún sentido le quiero decir que la muestra principal de la inteligencia del Sócrates de todos nosotros es su genial frase: “yo solo sé que no se nada” que nos permite aceptar nuestra propia condición en este complejo universo estadístico que en la medida que lo aceptemos, podremos incorporarnos al numeroso grupo de los  “P”  normales y confesos.

Enrique Ruíz García mejor conocido con el pseudónimo “Juan María Alponte” nacido en España, avecindado en México y maestro ilustre, comentarista, editorialista ya fallecido expresaba con frecuencia en el aula, la radio o la televisión que le alimentaba el saber que cada día había cosas que le asombraban y que su interés en la vida se debía a su capacidad de asombro, murió el 3 de diciembre de 2015 y nunca dejaron de asombrarle los avances de la ciencia, el discurso de los hombres y yo le agregaría las bellezas que se nos permiten contemplar todos los días.

Me es grato señalar que uno de los elementos más efectivos para combatir el efecto “P” en la raza humana está en nuestro sentido del humor, de nada le sirve a uno estudiar, prepararse, cumplir con las obligaciones y ejercer los derechos si no le da un “like” o un “me gusta” a la vida con una sonrisa o una carcajada, eso junto con lo que amas le dan sentido a nuestra existencia aunque lo “P” siga vigente, si Sócrates supo convivir con ello ¿nosotros porque no….

alfonsodiazordaz@gmail.com

20 de enero de 2022

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