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¿Qué va a pasar con los necrófilos ahora que se acaben los panteones? cada vez es más frecuente que los deudos de las personas fallecidas sometan a éstas, a procesos de cremación de restos, esto hace suponer que los panteones tengan cada vez menor clientela, el destino final de las cenizas humanas es muy variado, se pueden conservar en los hogares del recién finado, en los  nichos instalados para tal efecto en los templos de cualquier culto, en el mar o en el bosque,  menos en aquellos ocupados por los Testigos de Jehova que son muy estrictos en sus protocolos , normatividad y ritos, dentro de muy poco tiempo, así me lo parece, van a existir más cementerios de mascotas que de personas.

El asunto, no es de ninguna manera superficial, muy pronto las personas ilustres de nuestras familias, cuando mueran van a trascender en el más sereno y sobrio de los anonimatos, nadie podrá preguntarse ¿en dónde quedo el muertito? Nadie lo podrá saber, cada vez será más difícil para los investigadores de la historia y hasta para los cronistas de sociales determinar a donde fueron a parar las cenizas de los personajes, ya no podrán buscar en los panteones los restos de alguien que sea objeto de su estudio.

Tengo en la memoria algunos panteones memorables, independientemente de lo que necrológicamente significan, sus monumentos llegan a ser extraordinarias obras de arte, el Municipal y el Francés de Puebla, el Panteón Jardín, el Francés y de Dolores de la Ciudad de México; el primero me llama la atención por  que   conserva lo que queda de los restos de Pedro Infante y que el día quince de cada mes, recibe la visita de sus admiradores que le llevan serenata y le cantan sus canciones.

Me gusta en particular el hermoso y viejo Panteón de San Fernando en la Colonia Guerrero de la Ciudad de México cuyos monumentos construidos en el siglo XIX y antes son dignos de apreciarse, independientemente de que este cementerio guarda los restos de cualquier cantidad de protagonistas de la historia patria, destacan por supuesto los del Benemérito Don Benito Juárez y su Esposa Doña Margarita Maza.

Cuando pienso en la legitima aspiración de los protagonistas de la política de este siglo, que pretenden igualar a Hidalgo, Juárez, Morelos, Cárdenas o Madero o los del otro rito diferente al Jacobino de los primeros que son admiradores de Agustín de Iturbide y de Porfirio Díaz y probablemente no les alcanzara para igualar a López de Santa Anna ni a Perpetuo del Rosal, el personaje mítico de Luís Rius,  el de “Los Supermachos”, cuando le llegue su tiempo a sus cronistas no quedaran vestigios ni de sus cenizas y probablemente de sus obras, habrán pasado al mismo anonimato que sus restos incinerados ni la obra pública ni las dadivas populacheras permanecerán en la memoria de los mexicanos por mucho tiempo, la memoria del pueblo bueno y sabio es muy corta para lo bueno y muy larga para lo malo, las buenas obras de gobierno pasan a un proceso de cremación y los errores como el Dios de los oaxaqueños “nunca Muere”, cada falta, cada promesa incumplida tendrán un monumento más vistoso en el panteón de nuestra memoria.

Por: Alfonso Díaz Ordaz Baillères

5 de marzo de 2019

 

 

 

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