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No se trata de que el gobierno sea “austero”. No. Se trata de que la población se conforme con poco, que deje de ser “aspiracionista”, que tenga un nivel de vida bajo.

Ha sido ampliamente documentado (por ejemplo, por Spin, Causa en Común y Signos Vitales) que el presidente López Obrador miente abiertamente todos los días, tergiversa hechos y da información que es frecuentemente incorrecta, falsa o incluso inexistente. Pero también, entre líneas y en ocasiones abiertamente, muestra sus cartas y sus intenciones verdaderas que, muchas veces, suenan inverosímiles por su frivolidad o confrontación con el sentido común. Por ejemplo, aquello de que la lucha contra el Covid se haría con una estampilla religiosa. Fue una afirmación inverosímil que, sin embargo, resultó cierta: no hubo realmente una política pública coherente para combatir la pandemia ni en lo sanitario ni en lo económico y mucho menos en lo social. Más bien, la política fue que cada quien se rasque con sus uñas y que se ponga a rezar para que “no le toque”.

En la última semana, el presidente nos informó que de la “austeridad republicana” pasará ahora a la “pobreza franciscana”. La “austeridad republicana” ha consistido en disminuir los presupuestos gubernamentales eliminando programas y dotación de servicios públicos de toda índole, como estaciones de medición de la calidad del aire, estancias infantiles, escuelas de tiempo completo y mantenimiento de la infraestructura pública (como el de la Línea 12 del Metro que colapsó). Todo el dinero, porque sigue aumentando el gasto público, se ha ido a pagar los déficit de Pemex, de la CFE, y los despilfarros en obras emblemáticas que tendrán, en el mejor de los casos, una rentabilidad económica o social muy baja. Ya no digamos la destrucción de nuestro patrimonio natural, como en la Riviera Maya. Es decir, dicha austeridad es selectiva y ha probado ser dañina para el bienestar de la mayor parte de la población. Los programas sociales, como también ha sido demostrado, sirven propósitos esencialmente clientelares con fines electorales.

El anuncio de que dicha tendencia seguirá llega a un nuevo nivel. No se trata de que el gobierno sea “austero”. No. Se trata de que la población se conforme con poco, que deje de ser “aspiracionista”, que tenga un nivel de vida bajo. Se trata de multiplicar a los pobres a costa de las clases medias y los ricos. Así de increíble o ilógico que pueda parecer, los hechos muestran que ha sido justamente su política desde antes de iniciar el sexenio. Visto así, hacen sentido una serie de decisiones que ha tomado el presidente. Enumero algunas.

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