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El mayor logro de Jung no fue darle nombre a la sombra, ni su teoría de los arquetipos, sino demostrar que los seres humanos comparten un yo. El «¿Quién soy yo? “depende del «¿Quiénes so­ nosotros?” Los seres humanos son las únicas criaturas que pueden crear un yo. De hecho, no sólo podemos, sino que debemos, porque el yo nos ofrece un punto de vista, una visión única del mundo- Sin un yo, nuestro cerebro recibiría el salvaje bombardeo de infinidad de imágenes sensoriales que no tendrían sentido. Los bebés no tienen un yo, y se pasan los tres primeros años de vida creándolo, modelando sus personalidades y preferencias, sus temperamentos e intereses. Todas las madres pueden corroborar que el tiempo que pasa su bebé en blanco es mínimo, si es que pasa alguno. Llegamos al mundo no como receptores pasivos de datos sensoriales, sino como entusiastas creadores. Cuando reconoces tus necesidades, creencias, impulsos, deseos, sueños y temores, de pronto el mundo cobra sentido. El “Yo, mí y mío”, existen por un solo propósito: ofrecerte un lugar personal en el mundo.

Todos tenemos un yo y hacemos todo lo posible por defender su derecho a existir.

Luz en la sombra

Pero nuestra creación es frágil. Todos hemos pasado crisis personales, como la muerte repentina de algún ser querido o enterarnos de que estamos gravemente enfermos.

Cualquier crisis que ataque nuestro sentido de bienestar, también ataca nuestro sentido del yo. Si pierdes tu casa, todo tu dinero o a tu pareja, estos acontecimientos externos estremecen y hacen dudar a nuestro yo. Siempre que sientes que todo tu mundo se viene abajo, lo que realmente se esta viviendo abajo es el yo y su confianza en entender la realidad. Tras cualquier trauma grave mental o físico, nuestra frágil personalidad-ego necesita tiempo para recuperarse. (Tenemos mucha suerte de que el viejo refrán ingles sea cierto «Las almas no se rompen, rebotan».)

Al no saber cómo creamos el yo al que tanto nos aferramos; éste puede darnos sorpresas. Freud sorprendió a todos cuando dijo que el yo poseía una dimensión oculta cargada de impulsos y deseos que apenas reconocemos. Jung, tras convertirse en el mejor alumno de Freud, se dio cuenta de que su mentor había cometido un error. Lo inconsciente no está en mí, sino en nosotros. Cuando una persona tiene impulsos e instintos inconscientes, éstos proceden de toda la historia de la humanidad. Cada uno de nosotros, según Jung, está vinculado a un «inconsciente colectivo», tal como él lo denominó. El concepto de que tú y yo creamos yoes independientes y aislados es una ilusión. Conectamos con la Vasta reserva de todas las aspiraciones, instintos y mitos humanos. En este inconsciente colectivo es donde también reside la sombra.

Algunas personas son sociables, otras no lo son, pero nadie puede salir del yo colectivo. El «nosotros» es un recordatorio constante de que ningún hombre es una isla. Jung desnudó la superficie social para dejar al descubierto la dimensión oculta del «nosotros». Adjudicarle el nombre de inconsciente colectivo hizo que pareciera más técnico, pero el yo que tú y yo compartimos con él. Piensa en las formas en que vuelves al yo colectivo. Aquí tienes unas cuantas:

  • Cuando necesitas el apoyo de tu familia y de tus amigos íntimos.
  • Cuando formas parte de un partido político.
  • Cuando realizas trabajo voluntario para la comunidad o una asociación benéfica.
  • Cuando optas por luchar por tu país o defenderlo de otra forma.
  • Cuando te identificas con tu nacionalidad.
  • Cuando piensas en «nosotros contra ellos».
  • Cuando te afecta personalmente algún desastre que ha sucedido en otro lugar.
  • Cuando te dejas atrapar por un miedo colectivo.

Creer que puedes alejarte del «nosotros» es una fantasía, aunque todos lo intentemos. Queremos que nos vean como estadounidenses, pero no como estadounidenses malos. Simpatizamos con otros grupos étnicos, pero también nos sentimos diferentes, separados y, generalmente, mejores. En una crisis queremos que nuestras familias estén lo más cerca posible; sin embargo, en otras ocasiones insistimos en ser individuos con una vida personal fuera de la familia. La coalición entre el «yo» y el «nosotros» no es sencilla.

Jung lo complico todavía más. Cuando se trata de la sombra colectiva, la gente se esfuerza por salir de ella. (La sociedad nunca dejara de actuar de formas que desaprobamos.) Pero esto es más difícil que evadirnos de un papel dentro de la familia; de hecho, la familia solo es la primera unidad o nivel del yo colectivo, el que vemos con bastante facilidad. El día de Acción de Gracias puedes anunciar que has cambiado, que no te mereces que te traten como fueras un niño malcriado de cinco años o un adolescente rebelde.

Quizás sientas que no te han escuchado. Tu familia puede que también haya invertido mucho esfuerzo por mantenerte dentro de tu vieja casilla. La sociedad, sin embargo, es aun mas dura y menos comprensiva.

La sociedad tiene ganchos invisibles en todos nosotros. Puedes ser pacifista en tiempos de guerra. Esa es una opción individual. No obstante, no te excluye automáticamente de tu sombra colectiva, donde la guerra nace de la rabia, de los prejuicios, del resentimiento, de las viejas rencillas y del oscuro punto débil del nacionalismo. Quizá el desacreditado término de memoria racial. sea cierto, aunque nos incomode bastante. Sin embargo, millones de personas no se sienten mal diciendo cosas como una respuesta típica masculina, o «mujeres al volante».

La característica sexual se ha convertido en una filiación muy controvertida. Lo inconsciente colectivo te tiene atrapado en sus redes en este momento. Externamente el Ciudadano X puede oponerse ferozmente al Ciudadano Y, pero en un nivel inconsciente están conjugados, como los dos extremos de la cuerda del tira y afloja.

La cuestión de decidir estar dentro o fuera se convierte en el tema central de la sombra colectiva. Eso plantea muchas preguntas cada día:

  • ¿Cuál es mi obligación social?
  • ¿Cuál es mi deber patriótico?
  • ¿En qué medida me he de conformar u oponer a la sociedad?
  • ¿Hasta qué punto estoy conectado con otras personas?
  • ¿Qué les debo a los menos afortunados?
  • ¿Puedo cambiar el mundo?

La sombra colectiva

Nuestra mente consciente no nos puede dar la respuesta completa a ninguna de estas preguntas, ni siquiera la más auténtica. Bajo la superficie, lo inconsciente colectivo es un torbellino de impulsos, prejuicios, deseos frustrados, miedos y recuerdos que forman parte de ti porque «nosotros» es tu identidad tanto como «yo».

¿Dónde está la prueba?

Durante mucho tiempo el concepto de inconsciente colectivo se ha considerado una teoría curiosa de la que no hay demasiadas pruebas. Nadie niega que la naturaleza tiene un lado oscuro, pero ¿fue útil la explicación de Jung o tan solo una brillante invención intelectual? Recientemente, se han recopilado algunas pruebas que, si han servido de algo, ha sido para agrandar el misterio. Por ejemplo, hace décadas que se sabe que cuando una persona se vuelve solitaria y se aísla, como suelen suceder a las viudas mayores, el riesgo de padecer una enfermedad y de morir aumenta en comparación con las personas que tienen fuertes lazos sociales.

Un matrimonio feliz te da salud. Al principio de este descubrimiento costó que fuera aceptado, porque los investigadores médicos no veían ninguna relación entre el estado mental y el cuerpo. ¿Cómo puede el corazón o una célula precancerigena de alguna parte del cuerpo saber como se siente la persona? Fue necesario descubrir las moléculas mensajeras para demostrar que el cerebro traduce todas las emociones a un equivalente químico. Cuando las moléculas mensajeras llegan a cientos de miles de millones de células a través del torrente sanguíneo, la felicidad o la tristeza se transmiten al corazón, hígado, intestino y riñones.

Del libro; Luz en la Sombra.

D. Chopra/D. Ford/M. Williamson

Enviado y adecuado por:

Juan de Dios Flores Arechiga.

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