Comparte con tus amigos

La aspiración de la 4T ha sido promover un cambio semejante a los provocadores al fin de ciclo histórico que le precedieron: 1810, 1856 y 1910, con la circunstancia de que la pandemia afectó los planes, ya de por si reducidos a las obras prioritarias del gobierno, y a los acontecimientos de orden mundial en la disputa de la supremacía bélico militar entre los Estados Unidos y China.


Hoy México se encuentra subsumido por un torrente de crisis de orden humanitario, la pandemia, la guerra híbrida del narcotráfico, el estancamiento de la economía, la migración en todas sus modalidades, junto con los efectos de ellas derivados. De nuevo son momentos de prueba, que sin duda, han de superarse.
Los temas de interés general como la reforma energética, el mandato ratificatorio, la reforma electoral, la incorporación de la Guardia Nacional en el Ejército, temas torales de la administración, junto con otros de relevancia por sus efectos en la economía, la nacionalización del litio, asi como la suspensión de la exportación del aguacate para los Estados Unidos, son asuntos de importancia vital. El debate nacional no se nutre de esas materias, algunas suspendidas por veda electoral, sino ha sido secuestrado por la intolerancia de las redes e intereses de corporativos privilegiados de la comunicación por medio de concesiones otorgadas por gobiernos desde el alemanismo, para cuestionar ahora al Estado por un modelo original de la “mañanera”, donde el presidente marca la agenda de noticias y no tiene empacho en desmenuzar la complicada anatomía del monopolio privado de la información. La confrontación política no cesa, se hace presente en una azarosa discusión que no llega a ninguna parte, pero que siempre polariza a las personas, sin que los enfrentamientos lleguen a la violencia, sin evitar caer en la sustitución de las vías institucionales relevadas por opositores.
Las luchas históricas del pasado significaron conflictos por resolver: la soberanía, la independencia del extranjero, la propiedad de la tierra, la libertad, el territorio, la identidad nacional, e incluso los comicios electorales, entre otros más. Hoy el conflicto por el poder es otro, según lo describe el propio presidente de la República; se quiere una transformación de régimen de uno de corrupción a otro de honestidad, una meta que registra avances significativos pero cuya vigencia posterior corre el riesgo de revertirse.
También se observan grietas en el colapso entre el Jefe del Ejecutivo y periodistas que han sido denostados por su crítica, en especial por señalar el posible conflicto de interés de José Ramón López Beltrán. Los posicionamientos en las mañaneras parten de un principio al considerar a los periodistas como “un solo bloque”, lo que carece de sentido porque en el existen una pluralidad de posiciones, ya que en su mayoría no son periodistas extorsionadores sino profesionistas de la comunicación, gran parte expoliados por las empresas donde laboran en condiciones muy precarias.
Cuando el Presidente López Obrador denuncia “el golpe suave” a su gobierno advierte del retorno de intereses que dañaron a la nación con prácticas nocivas, que buscan refrendar sus privilegios y asegurar ventajas en la generación de energía sobre el flujo energético de sello oficial, pero sobre todo se proponen la privatización del litio para aumentar sus ganancias.
La suspensión del mercado del mercado del aguacate marca el ayer y el ahora del campo mexicano. Abandonado el modelo agrario, en el presente se ha agotado el modelo de integración comercial, TMEC, cuyas reglas no son equitativas ni favorecen la cláusula de subsidiaridad. Después del reparto agrario los ejidatarios carecieron de apoyo de formación de capital, se inculpó de improductivos, y se declaró el fracaso del agrarismo. Desde 2015 se presume, el campo mexicano es productivo porque dispone de una balanza comercial agropecuaria superavitaria, no importa solo se componga de tres principales ramas de producción, el aguacate, el tequila y la cerveza. En cambio, nuestra condición es vulnerable al señalar que la importación de granos básicos es alarmante, solo de maíz importamos 18 millones de toneladas, nuestra alimentación depende del exterior, sujeta a elementos imprevisibles.
Las protestas de los periodistas en Palacio Nacional y en el Congreso son reveladoras de la indignación del sector de informadores. Los legisladores de ambas trincheras intercambian insultos por elogios, y desde la bancada oficial se escuchan sentencias de traidores de la patria a quienes disienten. Tal es el ambiente de intolerancia del Congreso. Se requiere poner a salvo y fortalecer el espacio público con un modelo de comunicación que se caracterice por defender los intereses de la sociedad.


Con la Revolución el Estado pasó de una prensa afiliada a los porfiristas, a otra que se inició con “El Universal” concebido a difundir el parlamentarismo del Congreso constituyente 1917 y blindar el Gobierno de Venustiano Carranza. La experiencia registrada contra el gobierno de Madero contribuyó a su caída: el poder de informar le otorgaba el derecho potencial de decidir cómo no había ocurrido hasta entonces. El sistema político emanado de la nueva constitución de 1917 se protegió del ataque mediático con la edición del periódico “El Nacional”, vinculado al Partido Nacional Revolucionario, a la vez que contaba también con una radiodifusora.
Las diferencias de políticas de los medios se presentaron entre el Presidente Lázaro Cárdenas y el Secretario de Comunicaciones, Francisco Múgica, cuando el primero favoreció a Emilio Azcarraga en su radiodifusora la XEW, en tanto el segundo auspiciaba el apoyo a favor de la sociedad y no de la empresa privada. Las relaciones entre el Estado mexicano y las empresas de comunicación se modificaron durante la “Guerra fría“ con el Gobierno de Miguel Alemán al crearse la empresa PIPSA encargada de la importación de papel periódico, insumo estratégico con el cual se controló la industria de impresión, la que sirvió fielmente al adoctrinamiento “anticomunista” y a su efecto consecuente de control represivo.
La siguiente acción sobre los medios de comunicación correspondió a la administración de Adolfo López Mateos, quien aplicó un impuesto a las radiodifusoras del 12.5 por ciento en pago de tiempo oficial. Una disposición que modificaría el gobierno de Fox. La relación de gobierno empresas de medios fue tersa con el sobreentendido de su eventual condición de concesionarios de una licencia para uso del espacio electrónico nacional. En su trato no surgió el tema de examinar el interés público, consecuente del espacio publico que se ponía a disposición de ambos, uno como usufructuario y otro como depositario de la integridad nacional. Este sobre entendido partía del sistema político basado en el Presidencialismo, un ejecutivo fuerte con amplias facultades, provisto de un partido (PRI) hegemónico, con mayoría parlamentaria.
La superestructura informativa se vió incrementada y fuertemente modificada con la presencia de medios electrónicos, radio y televisión; ese sistema inconmovible se puso a prueba con el Movimiento del 68, cuyas posteriores consecuencias comenzaron a desgastar y resquebrajar la sólida estructura monolítica de Estado medios. Vino la salida de Julio Sherer y su equipo con el Golpe a Excelsior, y el surgimiento de la revista Proceso, así como después el surgimiento del Unomásuno de Manuel Becerra Acosta.

La globalización de los mercados posibilitó la revolución globalizadora de Reagan-Tacher a fines de los setenta y vino a confirmar la vigencia de la Aldea Global de Mc Luhan, donde las redes de comunicación disuelven el centro-periferia para homogenizar la información a favor de metropolí. Es ahí donde surgen los corporativos informativos trasnacionales que promueven la disolución del interés nacional sobre los obstáculos de fronteras e identidades nacionales. Una contra revolución en marcha triunfante, con apoyo de los efectos colaterales de órganos supra nacionales, agencias internacionales y calificadoras de control cuyos planes determinan el pensamiento único y hegemónico y la predominancia del poder empresarial sobre cualquier intención nacional.


Es el modelo de comunicación global donde surgen el adoctrinamiento masivo de la sociedad, que dio lugar a paradigmas informativos de líderes de opinión como Loret de Mola, que junto con otros son capaces de crear montajes engañosos con fines perversos de manipulación de la opinión pública. Como también Televisa fue creadora de expectativas presidenciales con la boda de Angelica con Peña Nieto. Un órgano de comunicación al servicio de una elite en decadencia. Y esto permanece oculto por la intolerancia de un falso debate entre los del conflicto de interés y el interés nacional.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.