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Calificado por Paul Verlaine, poeta Belga del siglo diecinueve como uno de los “poetas malditos” del mismo siglo, Charles Bodelaire (1821-1867) le hace los honores a su adjetivo personal,  llevando una vida licenciosa y para los tiempos aquellos desenfrenada,  asiduo a los prostíbulos, amante de Sarah, una prostituta a la que le llama “La Bizca” que por cierto, además de torcer la vista era calva, sin embargo y a pesar de todo el poeta es uno de los iconos de las letras del antepasado siglo, trascendió como trascienden las personas que con su arte nos tienen algo que decir.

Considerado como el padre espiritual del “decadentismo” cuya paternidad acepta con orgullo e ironía, es muy aficionado a escandalizar a la burguesía, como sucede también en algunas partes de esta tierra nuestra que también peca de puritana y engreída, que se atreve a sacudir a los adversarios con toda clase de epítetos y sobrenombres peyorativos para descalificarlos sin sustento.

Si Bodelaire hubiera nacido en México en el pasado siglo veinte seguramente habría sido asiduo frecuente de congales y mancebías, como lo fue; guardada la proporción debida, nuestro músico poeta, Agustín Lara que le debe gran parte de su capacidad creativa a su paso por los antros aquellos, que de mencionarlos, hacían ruborizar a la sociedad de entonces.

Para su tiempo, en Francia desde luego, Charles Bodelaire dijo y me sorprende que lo dijera, una de sus frases más que celebres “El mejor remedio para todo mal es el trabajo”, que se parece poco y se queda corto ante el alegre dicho de tradición folclórica en este México nuestro “Para todo mal mezcal, para todo bien también y si no hay remedio litro y medio”,  que refleja la vena humorística, característica de nuestros connacionales y que debemos recuperar con urgencia en estos tiempos en los que predomina el pesimismo por cualquiera de sus causas, por la pandemia que sufrimos y el manejo que de ella se hace y por el enfrentamiento cotidiano entre mexicanos desde sus distintas trincheras ideológicas e interesadas.

¿Ya se le olvido que este México no se quiebra en las tragedias? ¿Que salimos solidarios a acompañar a nuestros hermanos en desgracia, con nuestras palas y nuestros picos, con nuestras manos generosas y nuestro espíritu solidario? ¿ya se les olvido que este país tan nuestro es uno solo? ¿Qué no hay distingos, ni debe haberlos por cuestiones de raza, creencias religiosas y hasta preferencias sexuales? Recuperemos la empatía que nos está haciendo falta.

Que el año próximo, se logren acuerdos, se consoliden nuestras aspiraciones democráticas y  se posibiliten los conciliaciones entre posiciones adversas, que los partidos políticos logren alianzas, de un bando y del otro, que se sienten en la mesa con el ánimo generoso de ceder hasta en lo fundamental, la nación y la historia se los reconocerá, que esta generación sea recordada en el futuro como la que supero el más grande de los obstáculos que se ha tenido desde que nuestro país es independiente.

Yo le sugiero a los partidos y a los dirigentes de movimientos sociales y económicos que se sienten a negociar, que predomine un espíritu generoso y que al final se logren los acuerdos sustantivos que necesitamos y brindemos con un mezcal de la forma tradicional, tomando sus caballitos mezcaleros como se debe: a besitos y despacito.

Por: Alfonso Díaz Ordaz Baillères

alfonsodiazordaz@gmail.com

11 de diciembre de 2020

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