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Mi sombra es un nombre cualquiera escrito en un cristal de un edificio incoherente; soy una nada, un muerto remendado que deambula por las calles vacías de una ciudad común portando un cubrebocas. No me marcho de este minúsculo universo de ventanas y de quicios, de niños entristecidos, de burdeles y de iglesias desolados, de alcantarillas por las que se escurren las almas, porque toda ella está impregnada de mí: la llevo como una jaula que me encierra en un callejón sin salida, un nido de nudos, de hogueras y de virus…

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