Un poco aquí…

Yo lo pregunto

Yo Nezahualcóyotl lo pregunto:
¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?
Nada es para siempre en la tierra:
Sólo un poco aquí.
Aunque sea de jade se quiebra,
Aunque sea de oro se rompe,
Aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
No para siempre en la tierra:
Sólo un poco aquí.

Nezahualcóyotl

No es fácil. Tampoco es sencillo. Las palabras se parecen, pero los conceptos son distintos. Los usamos como sinónimos y no lo son.

Vivimos hablando de metas, objetivos y propósitos como si fueran la misma cosa. Sin embargo, cada uno ocupa un lugar diferente en la construcción de una vida con sentido.

El propósito es el “para qué” de tu existencia. Es aquello que le da significado a tu paso por el mundo. No tiene fecha de caducidad ni una línea visible. Es la dirección profunda de tu caminar. Es la brújula.

Para descubrirlo conviene preguntarse: ¿Por qué hago lo que hago?

El objetivo es diferente. Es el resultado concreto que deseas alcanzar para acercarte a aquello que da sentido a tu vida. Si el propósito señala el norte, el objetivo es el camino a seguir.

La pregunta es: ¿Qué quiero lograr?

Y luego está la meta. La más terrenal de las tres. La meta puede contarse, medirse y verificarse. Tiene plazos, cantidades y resultados observables. Es la forma práctica y concreta que adopta un objetivo.

La pregunta es: ¿Cómo sabré que lo conseguí?

Dicho de manera sencilla:
El propósito da sentido.
El objetivo define dirección.
La meta mide el avance.

El propósito es la brújula.
El objetivo es el destino de una etapa.
La meta es el kilometraje recorrido.

Pero hay algo más.

El propósito rara vez aparece de golpe. No suele revelarse como una iluminación instantánea. Casi siempre se construye. Surge lentamente mientras descubrimos aquello que amamos, aquello que nos conmueve y también, quizás, aquello que nos duele profundamente del mundo.

Porque muchas veces el propósito nace justamente allí donde una herida se transforma en servicio, donde una inquietud se convierte en búsqueda o donde una pasión encuentra la manera de beneficiar a otros.

Por eso Nezahualcóyotl sigue siendo actual siglos después. Nos recuerda que nada permanece, que todo pasa, que incluso el jade se quiebra y el oro se rompe.

Estamos aquí de paso.

Sólo un poco aquí.

alefonse@hotmail.com

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Alejandra Fonseca
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