Julio de 1937. España estaba dividida en dos bandos; la guerra civil había comenzado
en julio del año anterior. El día tres de ese mes cruzó la frontera el joven poeta Octavio
Paz, acompañado de su esposa, Elena Garro, con quien se había casado a finales de
mayo. Tenían 23 y 20 años, respectivamente, y formaban parte de la delegación
mexicana que acudía a España en un gesto de solidaridad con la Segunda República
para participar en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la
Cultura. Diversas ciudades españolas fueron elegidas para acoger los actos: Valencia,
Madrid y Barcelona. El propósito de esos encuentros era reunir a intelectuales de todo el
mundo para manifestar su oposición al fascismo y expresar su apoyo al gobierno
republicano español.
En esa fecha, Octavio Paz ya era un poeta consolidado y un marxista
convencido. Un año antes había escrito su poema “No pasarán”: «“No pasarán. ¡Cómo
llena ese grito todo el aire / y lo vuelve una eléctrica muralla!”». Este poema estaba
políticamente comprometido con la República española y puede leerse en su interior:
“Esta edición, que consta de tres mil quinientos ejemplares y fue terminada en los
Talleres Gráficos de la Nación, fue cedida al Frente Popular Español, en México, en
prenda de simpatía y adhesión al pueblo de España.”
Hay que resaltar que también en ese tiempo había escrito la emotiva “Elegía a un
compañero muerto en el frente”, un poema en homenaje al catalán José Bosch. La
amistad entre ambos había nacido unos años atrás, en 1929, cuando eran compañeros de
estudios en la Ciudad de México. Fue el joven catalán quien inició a Octavio Paz en el
marxismo y en la actitud de rebeldía hacia el poder. Participaron activamente en las
protestas y huelgas estudiantiles; por esas actividades, Bosch fue detenido y deportado a
España. Si Octavio Paz escribió, en 1937, el citado poema —en honor a su amigo—, fue
al recibir la noticia de que había muerto en España combatiendo en el frente de Aragón.
«Has muerto, camarada, / en el ardiente amanecer» son los primeros versos de su
emotiva poesía.
El congreso se celebró entre los días 4 y 14 de julio en España y continuó del 15
al 17 en París, donde tuvo lugar el acto de clausura. De su estancia da cumplida cuenta
Elena Garro en sus Memorias de España 1937, obra de la que voy a entresacar algunas
anécdotas. En Madrid, el matrimonio se alojó en el Hotel Victoria; desde la ventana de
su habitación podían ver la plaza de Santa Ana. «El hotel tenía cortinas negras y estaba
prohibido encender la luz antes de correrlas para evitar ser alcanzados por los rebeldes»,
escribió Garro. A pesar de estar en plena guerra, la población intentaba llevar una vida
normal dentro de lo posible; la autora llega a reseñar, en sus Memorias, que una de las
tardes fueron al cine a ver Una noche en la Ópera de los hermanos Marx. De la
inauguración del congreso en Madrid resalta la presencia de cámaras de cine. Entre los
asistentes se encontraban los reconocidos fotógrafos Gerda Taro y Robert Capa, quienes
dejarían para la posteridad una muestra de sus trabajos. Días después llegó la noticia de
la muerte de Gerda en el frente de combate en Brunete.
Durante el congreso, Octavio Paz se relacionó y mantuvo contacto con una
interminable lista de intelectuales: León Felipe, Antonio Machado, César Vallejo,
André Malraux y Pablo Neruda, entre docenas de personalidades más, incluyendo a
algunos ministros. Entre las diversiones, destaca el día en que Rafael Alberti los invitó a
ir a primera línea del frente en la zona de la Ciudad Universitaria. A la altura de la
Facultad de Letras había colocada una ametralladora; allí se permitió que los invitados
la dispararan contra los franquistas atrincherados en un edificio contiguo.
Tras la clausura formal de las jornadas del congreso en París, Paz decidió
quedarse en España dos meses más para vivir de cerca el conflicto y apoyar la causa
republicana.
Es en Barcelona donde se va a producir un hecho extraño que dejó sin palabras a
Octavio Paz, quien escribió, años más tarde, que ocurrió el 7 de octubre de 1937.
Posiblemente el recuerdo le jugó una mala pasada, pues, según todas las informaciones
existentes, se sitúa el 28 de septiembre de ese año como el día en que Octavio Paz
abandonaba España. Certifica ese dato que la Comisaría General de Fronteras y Puertos
registró oficialmente la salida de Octavio Paz y su grupo de España, cruzando de vuelta
a Francia por el puesto fronterizo de La Junquera.
Se encontraba el escritor participando en una lectura de poesía celebrada en el
Palau de la Música Catalana. El auditorio estaba lleno para escuchar los tres o cuatro
poemas que les iba a ofrecer. «Llegó mi turno; me levanté, saqué el poema de mi
carpeta, avancé unos pasos hacia el proscenio y dirigí la vista hacia el público». Hasta
aquí nada parece indicar ninguna anomalía, hasta que, fijándose en el público, quedó
paralizado: «Allí, en primera fila, estaba José Bosch. Durante unos segundos no pude
hablar», según explicó él mismo. A duras penas comenzó a leer el poema, aunque
omitiendo el título para no nombrar a Bosch delante del público.
Sin poder quitarse de la cabeza lo que había visto, a la salida, en la puerta del
Palau, una persona le dejó un papel entre las manos y desapareció a toda prisa. En el
hotel leyó la nota en la que su amigo, el supuestamente difunto José Bosch, le pedía que
lo viese al día siguiente.
A las cinco de la tarde del día siguiente tuvieron el encuentro en las Ramblas.
Charlaron durante más de dos horas. Bosch le hablaba deprisa y de manera atropellada;
se comía las palabras y repetía las mismas frases una y otra vez. “No hablaba conmigo
sino con sus fantasmas”, manifestó años más tarde Octavio Paz. Su amigo, en las
Ramblas, le contó que había participado en la sublevación de los anarquistas y del
POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) del primero de mayo de 1937 y que,
por un milagro, había escapado con vida. Necesitaba un pasaporte y le pedía a su amigo
que le ayudara a conseguirlo. «Dame el número de tu teléfono. Te llamaré mañana por
la mañana», fueron las palabras de despedida.
Elena Garro, en sus Memorias, cuenta el suceso de forma sustancialmente
diferente al relato de su esposo. Sitúa la escena en un teatro de Barcelona (sin
mencionar si era o no el Palau) donde el poeta recitaba sus poemas. «De pronto, cambió
de color y se detuvo como si hubiera visto un fantasma. En primera fila, un hombre
joven lo miraba con fijeza», explica Elena sobre ese primer cruce de miradas de Octavio
Paz con el fallecido.
Elena Garro continúa su relato en uno de los salones del hotel Majestic, en el
Paseo de Gracia, donde se alojaban. Un camarero le hizo una seña para que fuera a
mirar por la ventana, mientras Octavio Paz hablaba con los delegados de una comisión.
Desde detrás de una cortina en la que se hallaba escondido, le habló José Bosch y le
preguntó en voz baja si era la compañera de Octavio. «Ante mi afirmación, agregó:
“Dile que me consiga un pasaporte en la Embajada de México… Me andan cazando,
cazando… Soy del POUM… No se lo digas a nadie”».
No hubo más encuentros del matrimonio con José Bosch. Como un fantasma se
les había presentado y como un fantasma desapareció. Octavio Paz declaró en diferentes
entrevistas que Bosch no volvió a llamarlo y que nunca más lo vio.
Octavio y Elena abandonaron España por el paso de La Junquera en septiembre
de 1937. Aunque Paz había llegado cargado de ideales a España, allí presenció de
primera mano la intolerancia y el dogmatismo ideológico. Fue testigo de las purgas
internas cometidas por los estalinistas contra anarquistas y trotskistas; presenció la
guerra dentro de la guerra. Esto sembró en él las primeras sospechas sobre la dictadura
del partido. Ese contacto directo con la crudeza de la guerra y, especialmente, con la
creciente influencia del estalinismo, le hizo tomar una postura crítica que se acentuaría
años después.
La ruptura total y pública con el ideario que tanto había defendido llegó en 1951.
Paz consiguió y tradujo testimonios sobre la existencia de los campos de trabajo
forzados en la Unión Soviética, los famosos gulags, que popularizaría el escritor
soviético Solzhenitsyn veintitantos años después. Intentó publicar estas denuncias sobre
el terror estalinista en México, pero el sector intelectual de la izquierda las rechazó sin
paliativos. Finalmente, después de mucho esfuerzo, consiguió que su voz fuera
escuchada.
En 1990, Octavio Paz fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura por
una obra literaria de amplios horizontes y por su integridad humanística.
® Fernando Gómez


