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Siguiendo la ruta del “Rey Sol”, aquel que impuso al V de los Felipes, hijo del Delfín, y el primero de los Borbones, en la sucesión española, para regocijo de la Francia absolutista y centralizadora, llegamos a nuestra época. Un poco anacrónica en cuanto a igualdad de la justicia con la justicia europea y una Constitución que deja mucho de desear, por cuanto se permite la contradicción de hablar de igualdad de derechos para todos los “ciudadanos” y la aplicación de la “justicia”, salvo uno, o dos, o más, ya puestos, que son inviolables e irresponsables. ¡Palabra de Ley!

Una república que derroco un “rey”. Un golpe de estado que derrocó la República. Una dictadura que gobernó 40 años. Y al final vuelta a empezar: una reposición, o restauración de la monarquía al estilo franquista, que siempre llega con el ruido de sables. La cosa no mejora mucho de lo marcado por los precursores dinásticos. La corrupción borbónica sigue los pasos señalados por los antecesores, que enrojecerían de envidia si vieran como han prosperado las finanzas, privadas-reales, en manos del menos “preparao” pero el más “campechano”, o mejor dicho “emérito campechano”. Un “bribón” de vuelo bajo, con el agua en la línea de flotación ante la opinión pública, pero con la sentina a rebosar de tesoros de piratas y ladrones.

Lo de sentina en las dos acepciones de la RAE: bodega del barco y lugar lleno de inmundicias. Todo a base de comisiones: del petróleo, por un lado y de otras mamandurrias por otros.

De entrada, el “Campechano” no llegó con una mano delante y otra detrás como suele decir un esperpéntico Peñafiel, porque Suiza era la vaca lechera de los borbones y sus cuentas “opacas”. Además, aprendió bien del papá a pasar el platillo entre los embaucados monárquicos y futuros cortesanos. Muchos millones de pesetas despertaron en entidades helvéticas, para no “levantar sospecha” en las autoridades económicas de la España de la Transición, como si el Banco de España estuviera en el limbo y no en el Km. Cero del poder político y económico, tapando vergüenzas ajenas y propias.

Un personaje de pandereta retrató perfectamente cómo funcionaba lo de pasar el platillo. Ruiz Mateos, sí, el de Rumasa, cuenta y no acaba, la cantidad de bolsas de Loewe que llevaba al despacho de Juanca “el Campechano” llenas de dinero de la colmena de la “abeja” y cómo éste las arrojaba con estilo circense, a un rincón del despacho, y siempre caían en el mismo punto. La experiencia es un grado. Los de la Obra, con Valls Taberner (Banco Popular) al frente, financiaron los inicios del rey. Y el puntal de todo el tinglado era un tal Manuel Prado y Colón de Carvajal, descendiente directo de Colón por vía materna, al que Carmen Rigal, le llamó “el manco con la mano más larga de España” que, aunque le faltaba un brazo, se vio envuelto en multitud de sablazos en nombre del rey.

Si los gobiernos de UCD, ya por aquel entonces, no quisieron agitar las aguas turbias de la corrupción del príncipe y después rey. Los siguientes, envueltos en papel de celofán democrático, se pusieron una venda en los ojos y que salga el sol por Antequera. Y como la rutina se convierte en ley, así sigue la cosa. Una monarquía y sus ramas políticas usando el derecho de “pernada financiera”, y los políticos que llegaban al gobierno, genuflexionando su “dignidad” y mirando para el lado de Vallecas, punto contrario al de la Corte.

Y es que aquí hay algo más serio que un acto de corruptela o un pago a la amante de turno. Aquí hay un entramado “mafioso-cortesano” de tomo y lomo, donde todos los organismos del Estado despliegan su poder para mantener el sistema, inamovible. Un sistema que nació podrido desde el útero franquista, quedando “Atado y bien atado” y que pasó de la casa “pairal” al “hereu” engordando el patrimonio, con el beneplácito de sus vasallas instituciones que hacen de mamporreras para que el priapismo monárquico tenga un soporte de alto rango y mísera dignidad, y que la perversa violabilidad sea vista como una prerrogativa inviolable ante la “justicia”, a la española.

La pregunta podría ser ¿Es cuestión de familia o es cuestión de Estado? O ¿Son las dos cuestiones que se fundieron al hacer “pasar un camello por el ojo de una aguja”? es decir, pasar por el crisol de la Constitución Española del 78 toda la parafernalia franquista-fascista en forma de Ley de Punto Final, junto a otras de bajo perfil y llamar “Transición”, lo que vulgarmente se llama “borbonear” y ya no me creo aquello de “Lo siento. No lo volveré a hacer”. Es tan fácil de prever, que no hace falta turbante de pitoniso, para adivinar que, tras un acto de corrupción, siempre hay otro siguiente.

Es como si la Constitución tuviera que estar siempre protegida por la “puñetas” (*) de las togas, las cloacas del estado y montando guardia a la puerta, un ejército con uniformes nuevos y medallas franquistas. Y mi reflexión se cuela en la Carta Magna y mira que eso de la inviolabilidad e irresponsabilidad del “rey” apenas supera la prueba del algodón en un enfrentamiento a la “democracia”, y sólo sirve para vivir dentro de una “plenísima democracia” porque hay muchos cocodrilos en el foso interesados en que la cosa continúe, por los siglos de los siglos, Amén.

Y cuando dice que los actos del rey serán refrendados por el Presidente del Gobierno y, en su caso, por los Ministros competentes (Art. 64 CE) y de estos actos del Rey serán responsables las personas que los refrenden. Tal como está redactado el artículo, se entiende que la irresponsabilidad sobrevenida en el ejercicio del cargo tiene unos responsables que refrendan los actos.

¿Quiere decir que todos los actos de corruptela de la monarquía están amparados por esas personas e instituciones? O ¿Sólo se refiere a los actos en el ejercicio de la jefatura del Estado?

Tanto en la una, como en la otra, la irresponsabilidad del rey pasaría a ser responsabilidad de los segundos, los cuales deberían responder ante la justicia por su refrendo corrupto. Y, supongo, que por eso hay tanta propensión en proteger las “prerrogativas judiciales” de uno que fue rey y ya no lo es, pero que sigue viviendo a cuerpo de rey. Y si ya no lo es, ¿También queda amparado por la CE? Si es afirmativo, esta Constitución es un chollo para la monarquía, porque resulta que los derechos amparados de carácter social: vivienda, trabajo pensión, etc., van a la deriva sin que los refrendadores pongan tanto interés en solucionarlos. Pero si se refiere a la corona, no hay comisión de investigación que salga adelante, ni de investigación de las finanzas del “emérito”, ni reprobación. Y puede que haya cambios. Ya veremos los resultados de la investigación de la Fiscalía.

NOTA:

(*) Las puñetas son el encaje o vuelillo en las bocamangas bordadas de las togas u otros trajes ceremoniales. Dan estatus laboral y por ello, el tratamiento que reciben los que las llevan es diferente a los que no las llevan. Yo diría que es la desigualdad en los tribunales de justicia.

(Continuará…)

Por: Paco González.

13/06/2020

Viñeta: Bernardo Vergara, publicada en el Diario es, el 05/03/2020

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