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¡Y el batallón patriarcal y sus compinches se dejaron venir encima! ¡Atacar como sea, quitar del camino como se pueda, castigar como se deba! El patrón debe estar feliz, feliz, y debe sentirse grande, grande, grande, aunque él sea el nivel más bajo y el eslabón más frágil de la cadena alimenticia.

Ya no son sólo el patrón y su cofradía; se les unieron compinches y operadores, hombres y mujeres que hacen todo a escondidas, por detrás, espiando en lo oscurito, usurpando órdenes superiores, emitiendo amenazas, amedrentando como fantasmas para sancionar la osadía, y advirtiendo: “Se te va a revertir…” ¡Y ‘allá arriba’, ni se enteran!

Me pregunto: ¿qué secretos les sabrá el patrón a sus protectores que hacen lo indecible para cuidarlo? ¿qué les proporciona? ¿qué les guarda? ¿de qué los provee? ¿qué le deben a él? ¿qué comparten? Sólo un animal herido reacciona así: y no es por su alcoholismo ni por el acoso y abuso hacia las jovencitas (lo más grave), hay algo más

Mi mentor me enseñó, “siempre hay que seguir la ruta del dinero”. ¡Y voilá! Amor y dinero no se pueden esconder, y aquí no hay amor… ¡Por eso están tan asustados y enojados! ¡Por eso las amenazas y represalias para que no ahondemos más!

Se denunció el evidente, frecuente y manifiesto alcoholismo del patrón, y sus jefes ¡todos en contubernio!, lo resguardaron: congelaron el proceso, filtraron datos e información para intimidar; defendiendo al responsable, castigando a las víctimas y condenando a las defensoras. No hubo confidencialidad ni garantías y, quienes debieron haber apoyado y brindado confianza, ¡traicionaron!

¡Con razón ninguna de las muchachas acosadas se atreve a denunciar en la ‘empresa’ porque el naufragio hace que huyan con el alma envuelta en el ombligo* para olvidar que les robaron la frescura!

¿Cómo confiar que una denuncia de hostigamiento y acoso pueda prosperar? Si las muchachas ingenuas y lastimadas, amenazadas hasta el cogote de no decir nada, que callen y nieguen el abuso, no estén más expuestas al ir a declarar, que reciban orientación, acompañamiento y protección, porque de otra manera, están brincando al vacío, solas y sin red.

Somos varias mujeres y hombres de diferentes latitudes atentos al asunto; lo que queremos es hacer visible lo que pasa en referencia al abuso y hostigamiento que se ejerce sobre las mujeres, jóvenes y adultas, en esta ‘empresa’; queremos evidenciar, también, que ahí no hay una instancia confiable para que ellas denuncien, con la confidencialidad que el caso amerita, con máxima protección y aislamiento de sus perpetradores y los cómplices de éstos.

No podemos quedarnos calladas ni inactivas.

Hay quien peca por acción y hay quien, por omisión.

Mientras que los delitos de acción involucran acciones activas y directas, los delitos de omisión se relacionan con la falta de acción cuando es legalmente obligatoria.

alefonse@hotmail.com

*Frase de canción “Dalai Lama” de Mecano, álbum Aidalai (1991)

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