En estos días ha vuelto a surgir el tema entre México y España, incitado por la “exigencia” del expresidente López Obrador y retomado por Claudia Sheinbaum de que España se disculpe públicamente por los abusos y “exterminio” que propinaron los españoles cuando conquistaron al Imperio Azteca en 1521. Llama la atención, desde aquella demanda de López Obrador en 2019, que la memoria falle y se vuelva sobre el mismo tema cuando años atrás ya se había saldado esa demanda.
En la segunda visita del rey de España a tierras mexicanas, Juan Carlos I expresó públicamente en Oaxaca en 1990, ante representantes de muchos de los diversos pueblos originarios de México, que “La corona de España buscó desde el mismo momento del descubrimiento del nuevo mundo la defensa de la dignidad de los indígenas. Así, el propio rey Carlos V hizo observar enérgicamente a Hernán Cortés que ‘Dios nuestro Señor creó a los indios libres y no sujetos a esclavitud’ y venales funcionarios que, por la fuerza, impusieron su sinrazón. Esto provocó la reacción de dos personas que alzaron su voz en defensa de los derechos de los pueblos indígenas. La corona siempre los escuchó. Entre ellos… el dominico Fray Bartolomé de las Casas, quien con su ardiente defensa de la población nativa americana propició e influyó considerablemente en la promulgación de 1542, de las Nuevas Instituciones y Leyes de la India”.
A inicios de los 90 se abrió el debate sobre lo que significaba para España y para México y los países iberoamericanos, tema controvertido en ambos lados del Atlántico. En México se estableció la “Comisión Nacional Conmemorativa del Quinto Centenario” que convocó a historiadores, antropólogos, demógrafos y otros especialistas para discutir lo que significó aquella ruptura del velo que había mantenido separados a pueblos y las tierras que ocupaban por siglos, para ahondar en la evidencia y en las actuaciones de quienes participaron en aquellos hechos históricos que a la postre marcarían un hito en el devenir de las civilizaciones del planeta. Sus trabajos fueron publicados profusamente.
Algunos de sus resultados fueron: aquilatar la tragedia demográfica que siguió a la conquista, esencialmente por la ruptura de la inmunidad bacteriológica que afectó a toda la población, aliados y enemigos de los españoles, y que se prolongó por todo el siglo XVI; las leyes de Indias que si bien consideraban legalmente iguales a los indígenas y a los peninsulares, hubo graves abusos que convirtieron ese mandato en letra muerta; el proceso de mestizaje que caracterizó la colonización española y que hoy se puede ver en la población mexicana, mezcla que no ocurrió en otros lugares colonizados por ingleses, franceses, belgas, holandeses y hasta mismos españoles. Como resultado hubo mayor comprensión de nuestra historia.
Que el gobierno mexicano de la 4T pida que España reconozca –nuevamente– los abusos, a estas alturas está de más, ya ocurrió, y pareciera que el propósito de López Obrador y ahora de Sheinbaum es solamente polarizar para beneplácito de las graderías. Ojalá recordaran las palabras del rey en Oaxaca: “Difícilmente podremos entendernos… si no somos capaces, unos y otros, todos juntos –y sin perder ni un ápice de nuestra identidad– de ser tolerantes, abierto y transgresor… ser tan generosos para dar como para recibir, uno de los otros…”. Con todo respeto, y como ese asunto está resuelto, el gobierno hace bien en reconciliarse con España y debe concentrarse en gobernar, en evitar la corrupción y romper sus nexos con el crimen organizado, y dedicarse a brindar seguridad, educación, salud y prosperidad a todos los mexicanos, y especialmente a los pueblos originarios.


