El gobierno tiene ante sí retos enormes, muchas dificultades generadas por el propio régimen, y hay pocas luces que indiquen vías de solución a los problemas y salidas a las encrucijadas.
enero 15, 2026 | 1:30 hrs
Los años y meses pasan y se acumulan los problemas y los frentes abiertos que trae el gobierno de la 4T. Son muchos y vale la pena tenerlos en la cabeza, pues existe mucho ruido externo y la intención gubernamental de callar y desviar la atención de la opinión pública. Voy a listar solo algunos que me parecen centrales para nuestra sociedad y nuestro país.
Uno. Estancamiento económico que implica desempleo y pérdida de bienestar y oportunidades. Llevamos ya siete años de estancamiento económico en que el PIB real está prácticamente detenido, el PIB por habitante se ha reducido y la precariedad va en aumento. No es lo mismo sufrir una recesión que dura un trimestre o un año que un estancamiento que ya arrancó su octavo año de vida. El desgaste aumenta mientras el bienestar en la vida familiar y la esperanza de la gente se van desvaneciendo, día a día.
Hoy no estamos produciendo lo necesario para mantener lo que teníamos. Por eso la falta de mantenimiento, desde nuestra casa hasta las calles de nuestras ciudades y los caminos, carreteras, presas y todo tipo de instalaciones que proveen servicios públicos y privados, cada vez se ven más deteriorados. Y el futuro se ve poco promisorio.
Las perspectivas para reducir la pobreza, mucho menos para erradicarla, quedan cada día más lejos. No hay inversión y las perspectivas para 2026 son de apenas mantener sin cambio el PIB per cápita, en el mejor de los casos. Se sumará así un año más al estancamiento.
Dos. El gobierno apuntalado por las Fuerzas Armadas y con el crimen organizado de la mano. La evidencia que desnudó el “huachicol fiscal”, en el que es imposible que ocurriera sin el conocimiento y complicidad de las más altas autoridades del país, con la colaboración de decenas de mandos medios y del crimen organizado, define el tipo de gobierno que tenemos.
Se trata de un gobierno de la presidencia de López Obrador y de Sheinbaum Pardo que está, además, empeñado en perpetuarse en el poder al costo que sea. Recurrieron a la extorsión, secuestro y amenazas para hacerse de una mayoría artificial en el Congreso que les ha dado manga ancha para hacerse de los tres poderes de la Unión y cambiar así el régimen político de nuestro país.
El avance en ese proceso ha sido continuo y se aceleró en el actual gobierno, con la elección de los acordeones del Poder Judicial y la Suprema Corte, la eliminación de cualquier tipo de contrapeso constitucional y, próximamente, con la reforma electoral que hará prácticamente imposible ganarle una elección a Morena.
Y si se lograra, no cabe duda de que el gobierno no lo aceptaría y consumaría un fraude al tener al INE y al Tribunal Electoral en su bolsa. Y si aun así fuera evidente el fraude ante los ojos del mundo, no habría manera de evitarlo sin tener que pasar por tragedias como la de Venezuela.
Tres. Estado de derecho cada vez más débil y cuestionado. Diversos indicadores del Estado de derecho muestran el deterioro que México ha sufrido en los últimos años y particularmente a partir de la elección de jueces, magistrados y ministros y el episodio de los acordeones.
El índice del World Justice Project coloca a México en el lugar 121 de 143 países en el mundo en respeto al Estado de derecho. Hoy, nadie tiene la mínima esperanza de que exista un Poder Judicial independiente en México, lo que, aunado a la ampliación de las causales por las cuales una persona puede ser acusada y detenida en prisión preventiva, deja en total indefensión a los mexicanos, a las empresas y a las organizaciones.
A quien se le ocurra ir en contra del régimen, el gobierno tiene un amplio abanico de instrumentos para meter en cintura a cualquiera. Y no hay indicios de que eso vaya a mejorar.
Cuatro. La inseguridad y la impunidad siguen siendo una amenaza a la integridad de las personas, empresas y todo tipo de organizaciones. A pesar del cambio de estrategia en contra del crimen organizado, no queda claro hasta qué punto realmente está funcionando. La supuesta reducción de homicidios está compensada por el aumento de desapariciones. La extorsión es un cáncer que no conoce límites, y se aplica a individuos que venden fruta en un triciclo en la calle hasta a grandes empresas multinacionales, pasando por todo el espectro.
Lo mismo ocurre con el robo a transportistas, a usuarios del servicio público de transporte, y un largo etcétera. Las perspectivas tampoco son muy halagüeñas por la impunidad rampante que existe en el país.
La lista es mucho más larga. Nos faltan temas como los ataques a la libertad de expresión que han cobrado la vida de decenas de periodistas y el desplazamiento de plumas críticas de los medios de comunicación, la falta de rendición de cuentas por errores, pésima administración y accidentes en servicios públicos como el descarrilamiento del tren interoceánico, el despilfarro de recursos públicos, la falta de medicinas y servicios de salud, los apagones y la crisis energética que nos asedia, las consecuencias previsibles por la contrarreforma educativa, el estrés hídrico y la pérdida de tierras fértiles, entre muchos otros.
Y a esa lista vale la pena agregar la volatilidad internacional y la pérdida de espacios y creciente vulnerabilidad de México ante los embates de Donald Trump, la renegociación del T-MEC y todo el reacomodo geopolítico que estamos viviendo. Nada de ello augura un futuro mejor. El gobierno tiene ante sí retos enormes, muchas dificultades generadas por el propio régimen, y hay pocas luces que indiquen vías de solución a los problemas y salidas a las encrucijadas. Muchos frentes abiertos y con perspectivas poco prometedoras. Así estamos.


