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Como en la guerra, así como en las campañas políticas, se requiere de información, línea de acción y una alta coordinación entre todos quienes participan en el esfuerzo común de defensa y ataque en una guerra. Winston Churchil los denominó “Cuartos de guerra”, or The War Rooms que se localizan bajo suelo en Westminster, Londres. Era el lugar donde se reunía el alto mando del ejército británico, con información estratégica permanente, mapas, comunicaciones, e incluso un lugar para dormir para Churchil. Hoy, convertido en museo, es un lugar fascinante.

Las campañas políticas, una verdadera batalla que también requiere información, estrategia y coordinación, utilizan ese mismo símil y establecen sus cuartos de guerra, en el que el o la candidata, y el o la jefe campaña dirigen la lucha electoral.

Muchos analistas y líderes políticos han equiparado la lucha contra la pandemia del Covid-19 como una guerra, una guerra sin cuartel mientras no se tenga una vacuna o un tratamiento médico efectivo para vencerlo. Y no dejan de tener razón. Se requiere información, objetivos claros y coordinación entre muchas personas e instituciones para tener éxito. Se requiere un líder que guíe todos esos esfuerzos junto con un amplio grupo de personas con responsabilidades específicas, con representación para guiar a grupos y sectores de la sociedad. Y en este caso concreto, se requiere un grupo liderado por el gobierno y acompañado por personas e instituciones representativas de la sociedad. Se requiere un “cuarto de guerra”.

En el caso de Covid-19 este centro de decisión debería ser múltiple. Con un “cuarto de guerra” nacional (legalmente es el Consejo Nacional de Salubridad, pero su operatividad ha dejado mucho que desear) que dicte las normas generales con base en información fidedigna y oportuna, y que esté acompañado por centros de decisión equivalentes en cada uno de los estados de la República. Esto es fundamental, pues las particularidades de cada estado definirían estrategias específicas a cada uno de ellos. Por ejemplo, hay enormes diferencias en la prevalencia de enfermedades que son de alto riesgo en esta pandemia, como es el caso de la diabetes. En Campeche el 14% de la población de más de 20 años tiene diabetes, mientras que en Jalisco ese porcentaje es del 7.6%. También el tamaño de la población vulnerable que vive en condiciones de fácil contagio es diferente en cada entidad y, con frecuencia, varía de municipio a municipio.

Para que estos cuartos de guerra funcionen requieren de información fidedigna, completa y oportuna; necesitan personas expertas en epidemiología, economía, sociología, seguridad, y varios otros campos; requieren líneas de autoridad y mecanismos de toma de decisiones claros y efectivos para que las instrucciones sean llevadas a cabo en forma expedita y eficiente; requieren claridad en los objetivos y un liderazgo incuestionable y comprometido con el objetivo.

Está claro que un centro de decisión a nivel nacional con estas características no existe. Lo podemos apreciar en la confusión en las instrucciones que se han dado (donde el presidente dice y hace una cosa y el subsecretario López Gatell dice y hace otra), la falta de integralidad de los temas que se dan a conocer y de sus mismos integrantes (énfasis en salud mientras que el plan económico es al menos débil y será gravemente insuficiente), la forma de toma de decisiones en el Consejo que ha dado lugar a deslindes de sus miembros (como el caso del Código de Bioética), las protestas y problemas que han sucedido (como los ocurridos por la falta de equipo de protección a médicos y enfermeras), la inconsistencia en las cifras oficiales entre los datos nacionales y los de las entidades federativas,  la información tardía sobre la estrategia epidemiológica (el modelo “centinela” fue dado a conocer tardíamente y sin dar a conocer su base metodológica), y por otros factores que no han permitido coordinar los esfuerzos para tener mayor efectividad.

La inexistencia de un cuarto de guerra nacional efectivo dio lugar a que muchos gobiernos estatales se adelantaran a diseñar planes de acción y tomar medidas, y a que varios de ellos hayan formado centros de decisión como el aquí descrito. Sólo sé de la existencia de algunos, como Jalisco y Nuevo León, pero seguramente existen varios más. Los resultados concretos en cuanto al número de muertos que se logren evitar y la recuperación económica que se logre acelerar los conoceremos en unos meses, pero ya hay divergencias en las trayectorias de la enfermedad que sugieren cierto nivel de éxito, como el caso de Jalisco y Ciudad de México. No hay duda que tomar decisiones oportunamente, coordinar instituciones, encauzar los esfuerzos y tener objetivos y medios comunes en una sociedad no puede mas que mejorar los resultados.

Por eso, es indispensable que cada estado forme sus centros de decisión, sus cuartos de guerra, con la participación del gobierno y de la sociedad civil para luchar contra el Coronavirus. Si el gobierno federal ha sido al menos tibio en la toma de decisiones, y omiso para lanzar un plan de recuperación económica que evite una larga recesión, la única esperanza de librar la pandemia con resultados menos negativos se localizan en la esfera local, tanto estatal como municipal, en donde los ciudadanos nos movemos y actuamos. 

Por: Enrique Cárdenas Sánchez

Universidad Iberoamericana de Puebla

Puebla contra la Corrupción y la Impunidad

enrique.cardenas@iberopuebla.mx

@EcardenasPuebla

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