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Hace tres décadas se inauguró uno de los centros comerciales más importantes del sur de la ciudad: Plaza Crystal. Se edificó sobre los terrenos que ocupó el Rancho La Teja propiedad de Juan Spezzia Melo.

El predio que hoy ocupa la plaza, fue utilizado para actividades deportivas y dio cobijo a circos que, asentados en sus grandes carpas, entre acróbatas, payasos, magos y animales adiestrados, llenaron de alegría a la niñez poblana.

Su construcción, también favoreció la expansión de colonias aledañas como Villa Encantada, El Cerrito, Patrimonio y Bugambilias, fomentando además, un sentido de pertenencia en los colonos que décadas atrás, habían fincado sus casas en la cercanía.

VIDA EN EL RANCHO

César Spezzia Gavito dice que el terreno que hoy ocupa Plaza Crystal fue propiedad de su abuelo, Juan Spezzia Melo, y los terrenos colindantes de su hermano Pedro.

“Esa parcela mi abuelo la utilizaba para siembra, de hecho habían unos árboles grandísimos que él sembró y creo que eran alcanfores, esos los derrumbaron cuando hicieron la plaza. Entre ese terreno y lo que ahora es El Cerrito y Villa Encantada, había un río que hoy está entubado;  por ahí pasábamos al otro lado para llegar a una colonia muy pobre que era como un pueblito, aún existe y se llama Los Ángeles Mayorazgo, íbamos hasta allá a comprar dulces a una casita que funcionaba como tiendita porque en los alrededores no había nada”, asegura.

Dice que en una época el terreno que hoy ocupa Chedraui fui utilizado por los ex jugadores del Puebla FC, Juanito Alvarado y Zamudio, como escuela de futbol y muchos padres de familia llevaban ahí a sus hijos para que aprendieran.

César asegura que enfrente de lo que era el Rancho La Teja (Circuito Interior y bulevar  Valsequillo) pasaba una pequeña carretera por la que circulaba uno que otro vehículo  y que el jardín de la propiedad llegaba hasta a donde hoy es el puente a desnivel.

Recuerda que sus tías, hermanas menores de su papá, y sus primas las más grandes, cada año organizaban un baile de Halloween en el patio del rancho que adornaban con calabazas y tumbas iluminadas, en el que tocaban los conjuntos de moda como LA Imagen.

“Llegaban docenas de jóvenes disfrazados de diferentes estilos y formas porque daban premio al mejor disfraz. Estoy seguro que ahí se enamoraron muchas parejas porque eran grandes veladas y se hicieron muy famosas, asistía medio Puebla, cuando la ciudad era pequeña y todo mundo se conocía”, advierte.

“Fue una bella época que nunca volverá. En cuanto llegó la modernidad se acabó el rancho, mi abuelo se deshizo de todos los animales, vendió la mayor parte de sus tierras y se dedicó al negocio de las pipas de agua hasta que murió”, añade.

UN GRAN TERRENO EN DESNIVEL

“Llegué a vivir con mi familia a la calle Granada de la colonia Las Palmas hace 46 años, estaba a 50 metros del predio donde hoy es Plaza Crystal, un terreno muy grande y en desnivel que llegaba hasta el casco de una fábrica textil que estaba junto al río Atoyac, hoy es Plaza América”, asegura Carlos Macip Lanzagorta.

Se podía correr, andar en bici o patineta y jugar béisbol porque era un terreno grande que se prestaba para eso. Dice que estaba como en dos alturas, primero era plano y a determinada distancia bajaba como un metro y continuaba, refiere que había lugares que tenían montículos y ahí es donde iban a brincar con las bicicletas tipo cross.

“Siempre iba con mis hermanos, mis primos y mis amigos del Benavente, decíamos: ´¡vamos a Teja!´, porque en la fábrica había un letrero en el que se apreciaban esas letras; obviamente nunca nos metimos al río porque apestaba horrible y el agua siempre estaba de colores, a veces azul, rojo o rosado, dependiendo de los químicos que le echaban las fábricas”, explica.

Dice que el bulevar Valsequillo, hoy capitán Carlos Camacho Espíritu, era de un solo carril de ida y otro de regreso, con una pendiente muy inclinada que hoy ya no se aprecia. Y del otro lado, estaba la 16 de septiembre que era una calle también de un carril de ida y otro de regreso.

Lilia Petisco de Jauckens recuerda que, en el predio, a veces se ponía una carpa de Veana en donde vendían sus productos. Ella es vecina de Villa Encantada y llegó a vivir ahí con su familia hace 46 años. Dice que en esa época había muy pocos vecinos, todo estaba trazado pero se fue construyendo poco a poco. Asegura que era como vivir en el campo porque por la cercanía de los ríos, había muchísimas ranas y se oía su croar.

“Un día vino un señor de la calle de atrás (5 sur), un campesino, me dijo que no me preocupara, que cualquier cosa pegara un grito por mi ventana y que el vendría con su machete para ayudarnos, gente buena la que estaba alrededor”, señala.

“Nosotros llegamos a la colonia cuando yo tenía un año, en 1979”, dice Alexis Mendoza Sánchez, quien recuerda que cada vez que se instalaba el circo sus papás lo llevaban, y cuando nació su hermana Bárbara, iban juntos.

Comenta que era un terreno enorme donde los fines de semana había futbol. El acompañaba a su papá porque en la empresa que trabajaba organizaban eventos deportivos para los empleados.

“Eran unas canchas de futbol llanero, me acuerdo que como niño andaba corriendo entre el pasto y la naturaleza, el río pasaba por ahí y llegaba del otro lado (…) Cuando mi mamá me llevaba o traía de la escuela veía, entre matorrales, el cascajo de la fábrica antigua donde hoy es Plaza América”, asegura Alexis.

Evita Ramos dice que ella compró terreno en 1976 y se venía a dar sus vueltas por la noche, cuando terminaba de trabajar. Ella entraba por el predio, por el que llamaban  “puentecito”, que estaba por donde hoy está la barbacoa de la 5 sur.

“Daba cosa pasar por ahí porque había un ´puente´ hechizo con vigas de madera, demasiado angosto, nada más pasaba un coche y entre matorrales, porque de los dos lados había río; al entrar al fraccionamiento, había una víbora de piedra con ojos muy grandes y bonitos, que se podía ver cuando cruzabas”, asegura.

SE BENEFICIARON CON LA PLAZA

Andrea López Moreno dice que la plaza tiene la edad de su hijo, 30 años y agrega: “yo he vivido siempre sobre la 57 poniente que era la entrada al El Cerrito y a Villa Encantada, es la calle de atrás de Plaza Crystal (…) mi mamá nos mandaba a traer maderitas para usarlas como leña y prender el comal de barro de mi abuela. Nos cruzábamos con unas vigas, había pura vara, víboras y ratas, porque por ahí pasaba el río”.

Asegura que cuando construyeron la plaza, ella y su familia vendieron comida para los trabajadores que venían de fuera del estado y tenían ahí mismo sus casitas que ellos construyeron.

“Teníamos hasta 70 personas a la hora de la comida. En la mañana les hacíamos atole, café, salsa de huevo o de chicharrón, chilaquiles o enchiladas. En la tarde, una comida fuerte como molito de olla o pollo en diferentes formas. En la noche ya nada más teníamos como 35 personas”, expone.

“Todos los que vivíamos en esta tira (la calle) que daba al río le regalamos a Plaza Crystal un pedazo de terreno para que hicieran su estacionamiento y otra entrada, y así pudiéramos entrar y salir por otro lado”, añade Andrea.

Alma Rosa Alcalá dice que su abuelita, Francisca García, llegó a vivir a la colonia Patrimonio en 1960, fue una de las tres primeras personas que la habitaron y vivía en donde hoy es el Mega Taco, sobre Margaritas. Cuando ella nació, ya vivían dos calles para atrás, en Villa Encantada.

“Casi siempre cuando era Día de Muertos venía el circo, nosotros estábamos pequeños, se ponía a la mitad del terreno de Plaza Crystal porque en la otra mitad pasaba una vena del río Atoyac. En la cuchillita de la 55 poniente, había una víbora de piedra que quitaron cuando hicieron la calle”, detalla.

Recuerda que en las canchas de futbol los fines de semana jugaban equipos de la gente de las colonias aledañas, asegura que se jugaba en ese campo y en el de Granjas del Sur, porque hacían sus retitas.

“Cuando inauguraron Plaza Crystal dieron bonos y donaron computadoras a una escuela de El Cerrito y otra de los Ángeles Mayorazgo. Para eso, los vecinos de las colonias aledañas tuvimos que juntar tapas y botellas de pet, desde esa época empezaba el reciclaje”, señala Alma Rosa.

Por su parte, Alejandra Rosano, vecina de El Cerrito que ha vivido ahí desde que nació, en 1968, refiere que, “mero atrás de la plaza, donde está el estacionamiento chiquito, pasaba el río que ahora está entubado, de hecho cuando la construyeron se les cayeron los cimientos y hubo varios muertos”.

Dice que cuando era niña tenían que ir a comprar a San Baltazar, o traer las cosas del centro o ir a los Ángeles Mayorazgo, que ahora está bien cerca porque están alineadas las calles pero antes para ir ahí era puro campo y se hacía largo. “Si nos favoreció cuando pusieron la plaza, más que nada por el súper, aunque primero construyeron plaza América pero era carísimo”, advierte.

Sonia Bojalil llegó a Villa Encantada en 1985, pero iba de visita mucho antes porque su hermana Yolanda ya vivía ahí.

“A pesar de que primero edificaron Plaza América, esta no tuvo auge y cuando construyeron Plaza Crystal la colonia inmediatamente empezó a subir.Empezaron a pavimentar, hicieron el deslinde de terrenos y ya podías venir tranquilamente en coche”, asegura.

Recuerda que Chedraui era barato pero no ofrecía productos buenos y ya con los años empezaron a traer cosas mejores. También estaba el almacén Gala, lo que después fue Fábricas de Francia y hoy es Liverpool. Los cines los construyeron mucho después, pero también les benefició a los colonos porque hicieron la entrada de la 5 sur.

Desde su fundación en 1991, el centro comercial ha tenido un continuo proceso de modernización y ha albergado cadenas de tiendas departamentales y cines, además de ofrecer diversos giros en sus 87 locales.

Crédito de Foto

La fotografía que ilustra el reportaje, es una instantánea que se coloreó en blanco y negro para evocar al pasado y acompañar las historias de las personas que nos compartieron sus experiencias de vida | Foto: Iván Venegas | El Sol de Puebla

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