Feminismo vs Anonimato

Un mundo mejor es posible

Ayer nos enteramos de una noticia que sacudió el medio de las redes sociales cuando el bajista del grupo Botellita de Jerez comunicó que debido a una acusación anónima de pederastia que le destruía la vida, que si se defendía quedaba mal y si no lo hacía también porque la simple acusación “le hacía polvo su vida entera”.

Me refiero como es de quienes participan en estos medios, en este caso Twitter e Instagram al músico, escritor y fotógrafo Armando Vega Gil, quien en una carta durísima clamaba por su inocencia al tiempo que reconocía el derecho de las mujeres a acusarlo de forma anónima de un delito repugnante en contra de una mujer que cuando sufrió el supuesto ataque tenía unos 13 años, prácticamente una niña.

Por Twitter también la supuesta víctima habría dejado el mensaje “que se mate” haciendo aún más dramático el suicidio de un hombre de alrededor de 65 años que deja huérfano a un niño de 7 años víctima inocente de este hecho lamentable y estremecedor, ya que ahora solamente queda la voz de una de las partes sin que la otra se pueda defender.

¿Cómo hemos llegado a este punto? La respuesta es abrumadoramente clara, vivimos en una sociedad en la que las mujeres son casi invariablemente víctimas del machismo, de la explotación capitalista que las mantiene confinadas a “labores del hogar” sin recibir la retribución que cualquier otro trabajador recibe por su fuerza de trabajo, o en el caso de las mujeres consiguen algún empleo, este es en primer término, remunerado en menor cuantía que si lo desempeñara un hombre, al que se le adiciona además el trabajo del hogar que sigue siendo de su responsabilidad sin contar con que en dicho empleo muchas de las veces está expuesta al acoso sexual de sus superiores so pena de ser humillada o menospreciada en el desempeño de sus obligaciones.

Está claro que el hombre para poder desempeñarse como trabajador, recibe una ayuda invaluable de su compañera, de la cual se beneficia el dueño del capital, que los explota a ambos por el costo de solamente uno de los dos, ya que como decimos pareciera una maldición a la que las mujeres en general están condenadas, en una sociedad que mira estos hechos como algo natural, ya que las obligaciones del hogar, el cuidado de los hijos, la atención del hombre son “obligaciones” de la mujer.

Pero también puede darse el caso por desgracia de mujeres que pueden acusar falsamente al hombre en el ámbito del desempeño de su empleo, únicamente por venganza, con el fin de chantajearlo y obtener algún beneficio debido a la naturaleza misma del hecho, que resulta muy difícil de probar o bien que se puede fácilmente armar sin que la víctima del chantaje pueda tener muchas opciones para defenderse, un caso realmente muy difícil de ventilar, pero en el que la mayor parte de las veces la víctima inerme es la mujer.

Este fenómeno pocas veces se analiza como en realidad es, uno de los frutos del sistema capitalista que no existiría en una sociedad sin clases, sin víctimas ni victimarios, en una sociedad en la que privara la igualdad, la solidaridad, en la que todos los integrantes tuvieran las mismas oportunidades de tener acceso a la educación, a la salud, a la vivienda digna, a una vida equilibrada y solidaria, donde en lugar de “competir” los seres humanos prestaran sus servicios sin presiones, sin tensiones, sin las exigencias que inevitablemente plantea el irracional sistema de competencia, en la que los seres humanos se dividen en ganadores y perdedores.

Hay problemas que solamente se resuelven cambiando totalmente nuestra manera de pensar de hecho cambiando nuestra civilización, pero nos negamos a tomar decisiones trascendentales, por temor al cambio, por temor a lo desconocido, porque nos han convencido con siglos de adoctrinamiento que es imposible cambiar el estado de cosas tal como están, parece increíble, pero lo cierto es que todas estas son conductas atrevidas; pensemos solamente si hace 500 años cuando llegaban los invasores españoles a estas tierras alguien de esta época con capacidad para viajar en el tiempo les hubiera dicho como sería la vida 5 siglos después, seguramente se habrían burlado de él, pero lo estamos viviendo en el presente, de manera que de ningún modo es admisible que podamos tener acceso a una vida más humana, más civilizada, sin enfermedades, sin guerras, sin delincuencia, sin ganadores ni perdedores, donde todos pudiéramos vivir en paz y concordia estudiando con asombro cómo era la vida en nuestro tiempo, donde los seres humanos se mataban unos a otros, mientras unos pocos explotaban al resto, donde el medio ambiente se contaminaba sin restricción alguna para quienes lo hicieran. En fin, no debemos dejar que las telarañas se desarrollen en nuestros cerebros, nada es imposible, todos tenemos la capacidad de concebir y desarrollar un mundo mejor para todos.

Por: Enrique M. Díaz Sánchez

02/Abr/2019