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El 1 de agosto el titular del Ejecutivo estatal, Miguel Barbosa Huerta, rendirá su Primer Informe de Labores, y un talón de Aquiles que enmarca su gestión es la de cero obras ejecutadas en el territorio poblano.

Amén de la ola de feminicidios que azota a la entidad y que la ubica en tercer lugar nacional con 35 asesinatos; la delincuencia organizada asentada y la pandemia de Covid-19, que está en su máxima implosión con dos mil 334 decesos y 18 mil casos positivos – según cifras de ayer–

A este terrible drama se añade el caso de la Secretaría de Infraestructura, que al corte de hoy lleva cuatro titulares en sólo 12 meses de administración morenista.

El primer titular nombrado por el mandatario fue Carlos Francisco Urbina Tanús, hijo de la priista –y actual regidora en el Ayuntamiento capitalino– Silvia Tanús.

Nombramiento fugaz el de Urbina Tanús, que dio paso a la llegada de Josué Cortés Enríquez, cuyas cartas de presentación eran
su estancia en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en la Unidad de Medicina Familiar, y en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), en la Subgerencia de Desarrollo de Proyectos.

El tercero en recibir la estafeta fue Heliodoro Luna Vite, originario de la Sierra Norte, cercano a los afectos del gobernador desde que fue diputado federal y después, en el Senado, al integrarlo al staff de asesores con Onel Ortiz Fragoso y Víctor Manuel Iglesias Parra.

Y…

Gracias a filtraciones de la “enlace de Prensa” de la Secretaría de Infraestructura, Azucena Hernández, que adelantó su salida del gabinete y que “fueron endosadas” a su “jefe” Helidoro Luna, Barbosa Huerta lo cesó públicamente.

Lo que llevó a un cuarto titular: Juan Daniel Gámez Murillo.

DON JUAN GÁMEZ, PAISANO Y AMIGO DEL GOBERNADOR

Resulta que el arquitecto –y priista– Juan Daniel Gámez Pérez es paisano y amigo de Luis Miguel Barbosa desde que éste llegó
a radicar a Tehuacán.

Incluso, Gámez Pérez diseñó y construyó el edificio “MI.RO” –Miguel & Rosario–, propiedad de Barbosa Huerta, ubicado sobre
la 4 Poniente, a una calle del Parque Ecológico de Tehuacán.

Y en las campañas 2018 y 2019 por la gubernatura, Gámez Pérez respaldó económicamente a su amigo.

Por ello, una vez que tomó posesión de Casa Aguayo, Juan Daniel Gámez lo visitaba frecuentemente.

Finalmente, el júnior Juan Daniel Gámez Murillo fue nombrado titular del CAPCEE.

Más a don Juan Gámez no le gustó el cargo, veía muy pequeña la cartera del CAPCEE y seguía insistiendo con su amigo el cambio a una secretaría.
Y la obtuvo.
En noviembre de 2019 el joven –tiene 35 años de edad– Juan Daniel Gámez Murillo fue designado secretario de Infraestructura.

Y la Revolución le hizo justicia al clan Gámez.
Pero, a ocho meses de haber asumido el cargo, Gámez Murillo no ha iniciado una sola obra ni presentado proyectos a ejecutar.

Hay una total parálisis en Infraestructura.

Primero, por la inexperiencia del secretario.

Después, porque estuvo en “cuarentena”

–trascendió que esto fue inventado–.
Y ahora, por la crisis que enfrenta el estado debido a la pandemia.

Total, llevar cuatro responsables (en 12 meses de administración) en una dependencia toral en la ejecución de obra pública derivó en la nula planeación y cero construcción.

Con la suma de nombramientos de amigos, compadres y paisanos.

Uno de ellos fue el de Arturo López Mora –ex director de Obra Pública de Tehuacán–, en la Dirección General de Ceaspue.

López Mora duró únicamente un mes en el cargo.

El gobernador ordenó su salida y llegó Abundio Ricardo Parra.

Aunado a ello, el joven Gámez Murillo –imitando a su jefe– chocó con el titular de la CMIC y no le recibe ni da cita.

Ahí están los costos de pagar facturas.

Ahí están los resultados de poner a gente sin experiencia alguna en áreas vitales.

¿Qué tendrá la Secretaría de Infraestructura?
¿Por qué lleva cuatro titulares?

Ahí estuvo José Antonio Gali Fayad para saltar a la presidencia municipal de Puebla.

Y después aterrizar en Casa Puebla.

¿Quién le dio el “beso del diablo” a Infraestructura?

Al tiempo.

Por: Gerardo Pérez García

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