Lo inocuo del “gasolinazo”

Desde la promesa de campaña de AMLO que se mantendrá fijo el precio de las gasolinas en “términos reales”, y reiterada después de las elecciones por el futuro secretario de Hacienda, se desató una alud de afirmaciones en pro y en contra: que si la medida sería un subsidio debido al “populismo” de AMLO, que deberían dejarse los precios de los hidrocarburos al libre juego de la oferta y la demanda, que habría desabasto de energéticos de mantenerse controlados los precios, y algunas otras nefastas consecuencias. La realidad es que los precios de los energéticos han estado por mucho tiempo administrados por la Secretaría de Hacienda y lo que se ha llamado el “gasolinazo” se asocia (indebidamente) a la “liberalización” del mercado llevado a cabo por José Antonio Meade a unos meses de que asumió la secretaría de Hacienda. En realidad el precio de las gasolinas aumentó en aquél momento simple y sencillamente porque el fisco estaba perdiendo ingresos fiscales provenientes de los impuestos especiales al consumo de la gasolina (IEPS) al recuperarse el precio del petróleo a nivel internacional. “Liberar” los precios significó, entonces, mantener el impuesto fijo y dejar que los precios de la gasolina se modificaran conforme variaban los precios del crudo. Esa fue la “liberalización”: aplicar un impuesto mayor al consumo de los energéticos que en los meses previos se había erosionado. Meade necesitaba más ingresos fiscales. Punto.

La oferta de López Obrador de que mantendrá fijo el precio real de las gasolinas y que por lo tanto no habrá gasolinazos significa que el impuesto por el consumo de combustible actuará como un amortiguador: si el precio del crudo se colapsara, como ha ocurrido en el pasado, y los precios de las gasolinas se mantienen constantes incluyendo el efecto de la inflación, entonces el impuesto especial por su consumo se elevará tanto como sea necesario para mantener los precios iguales. Veremos que en Estados Unidos el precio de las gasolinas estará disminuyendo y en México no sucederá. No faltará quien lo haga notar y entonces AMLO tendrá críticas de por qué vende la gasolina tan cara.

Si por el contrario el precio del petróleo crudo aumenta, la única manera como AMLO podrá cumplir su promesa de no aumentar los precios de las gasolinas en términos reales será disminuyendo el monto del impuesto por su consumo. Y ahí tiene un buen margen de maniobra. Los precios en Estados Unidos aumentarán pero no lo harán en México. El ajuste lo absorberá el monto del impuesto y quienes apoyan a AMLO dirán que ha cumplido su promesa.

En realidad, para la Secretaría de Hacienda el problema es otro: la recaudación fiscal total, no sólo la recaudación del IEPS. Y ahí, dado que los precios del crudo y la producción de petróleo siguen siendo un negocio estatal y generan un flujo muy importante de impuestos (en 2017 los impuestos petroleros significaron el 11.4% de los ingresos totales del sector público, mientras que el IEPS significó el 9.7%), aumentos en el precio del crudo aumentarán la recaudación general del gobierno, pero disminuirán lo captado por el IEPS debido a la promesa de AMLO. En balance, aumentos en el precio del petróleo son contrarrestados en alrededor del 60% por la disminución de lo recaudado por el impuesto al consumo de la gasolina, y viceversa, si la plataforma de exportación de crudo se mantiene constante.

¿Y si toda la gasolina se refinara en México? Realmente el impacto en recaudación fiscal sería marginal pues independientemente de refinarse el crudo en México o en el extranjero, el IEPS no hace distinción de dónde se produjeron las gasolinas. En todo caso, de refinarse en México habrá más valor agregado en el país, algo muy positivo, siempre y cuando la operación de las refinerías arrojaran un rendimiento positivo y no tuvieran pérdidas. Lamentablemente la historia es que todas las refinerías de Pemex que operan en el país han arrojado pérdidas por años. Pero esa es otra historia.

Por tanto, la promesa de AMLO de que no habrá “gasolinazo” es más bien inocua, siempre y cuando cumpla también su promesa de que el precio de las gasolinas se mantendrá en terminos reales. Lo importante es el impacto en la recaudación fiscal, pero eso también depende del precio internacional del petróleo. Por tanto, me parece que, ante otras propuestas verdaderamente controversiales como la construcción de las refinerías, el asunto del “gasolinazo” es realmente secundario y sólo sirve para cuestiones mediático-políticas.

 

Enrique Cárdenas Sánchez

@ecardenassan