Lo Democrático que no Quita lo Bronco

Cantinero, administrador de un hotel en Guaymas, Sonora, periodista, maestro, inspector de escuelas, comisario de Agua Prieta, municipio fronterizo de su natal Sonora, hijo de alcohólico y huérfano de madre desde la temprana edad de tres años, forjaron el carácter de quien llegó a ser Gobernador de Sonora y Presidente de la República del uno de diciembre de 1924 al 30 de noviembre de 1928; figura fundamental en la historia de México, estratega y fundador del Partido Nacional Revolucionario que al cabo de unos años diera paso al Partido Revolucionario Institucional.

La prominente figura política y revolucionaria del General Plutarco Elías Calles iluminó por lustros la escena nacional  hasta que en una trifulca protagonizada entre el General Lázaro Cárdenas y el propio Plutarco que se pretendía eternizar como el Jefe Máximo de la revolución (el famoso maximato) fue exiliado y advertido de que la Presidencia de la República es una sola y que esta no tiene espacio para compartirla.

Desde la década de los cuarenta del pasado siglo XX hasta los finales del mismo, la picardía y conversaciones de los sitios de reunión como restaurantes, cafés, cantinas y bares se  vieron alimentadas por la efervescencia de las reyertas entre políticos que en apariencia pertenecían al mismo bando, o sea al mismo partido,  almazanistas y enriquistas protestaban con pasión y reclamaban a sus dirigencias lo incorrecto de haber sido excluidos de las candidaturas, las dirigencias sindicales de la década de los cincuentas y de los sesentas empezaban a disentir de sus centrales provocando sismos en sus movimientos por los derechos de los trabajadores o en contra del derecho que un líder tenía de hacerse rico de una dirigencia para que  una nueva dirigencia pudiera acceder a las arcas del sindicato en controversia.

Como resultado de algunos de esos movimientos, el de los ferrocarrileros de Demetrio Vallejo, el de los Médicos de 1964, el de los estudiantes del sesenta y ocho y el del jueves de Corpus del setenta y uno, dejaron en claro que la sociedad en general y en particular algunos sectores interesados en recibir los beneficios de la política y la burocracia del País demandaban mayor apertura de parte de las instituciones.

Como colofón de los desencuentros descritos, después de un encuentro explosivo entre Echeverría y Reyes Heroles (Don Luis acusa a Don Jesús) de borracho que se toma su primer whisky a la una de la tarde, José López Portillo, Presidente de la República de 1976 hasta 1982 y su Secretario de Gobernación, el inteligente y sabio Jesús Reyes Heroles promovieron la primera Reforma Política de nuestra incipiente democracia en 1977, la participación de la izquierda personificada por el Partido Comunista Mexicano y de manera especial por la apertura de espacios para los partidos políticos, hasta aquellos días excluidos, crearon la figura de “los Diputados de Partido”   para darle voz y voto (por muy incipiente que fuera el voto) a las minorías que a lo largo y ancho del País reclamaban participación.

Los campesinos, los trabajadores, los burócratas, los profesionistas, los maestros y muchos sectores minoritarios de la sociedad, en la teoría de la exposición de motivos de la propuesta, tendrían voz y tribuna en el Congreso, lo que no fue posible de inmediato, las dirigencias sectoriales abusivas y gandayas se apoderaron de los espacios, Carlos Jonguitud, Joaquín Hernández Galicia, Carlos Romero Deschamps, Elba Esther Gordillo y un largo etcétera,  son algunos ejemplares que desvirtuaron el espíritu de la Ley de 1977, la apertura política hubo de esperar mejores tiempos.

En la actualidad hay voces que reclaman la profesionalización “literal” de las legislaturas, los Diputados y Senadores según sus promotores debieran ser profesionistas, no estoy ni puedo estar de acuerdo, quiero en el Congreso un campesino que desde la tribuna exija mejoras para lo que el conocer mejor, para el campo, que un trabajador exija condiciones mejores en la fábrica, que el médico en tribuna promueva mejores hospitales y adecuada distribución de los medicamentos, aspiro a que el Congreso de la Unión y los Congresos de los Estados nos representen y representen los intereses de cada mexicano, no quiero una aristocracia legislativa de diputados de figurín que legislen en los restaurantes de lujo.

La Constitución no dice que se tiene que ser militar para ser Secretario de la Defensa, ser médico para la Secretaría de salud o el seguro Social, Agrónomo para Agricultura, etcétera.

Se decía que Manuel Bernardo Aguirre (ex Secretario de Agricultura y ex Gobernador de Chihuahua)  tenía dos aspiraciones en la vida, terminar la Secundaria y ser Gobernador de Chihuahua, se le cumplió la segunda.

Por: Alfonso Díaz Ordaz Baillères

4 de septiembre de 2019