Comparte con tus amigos

En esta parte comentaremos dos de las cuatro categorías mencionadas en el artículo anterior. Y en la tercera parte del artículo, comentaremos las dos últimas.

  1. Deja de proyectar.
  2. Desapégate y despréndete.
  3. No te critiques.
  4. Reconstruye tu cuerpo emocional.

Paso I. Deja de proyectar.

Según Jung, la sombra nos dice que no nos fijemos en nuestras propias debilidades y que las proyectemos sobre los demás.

Para evitar el sentimiento de inferioridad, nos parece que son los demás los que no son buenos. Se me ocurren montones de ejemplos. Algunos son triviales, mientras que otros son cuestión de vida o muerte. La estrella de cine de moda es criticada por perder demasiado peso, mientras que toda la nación se vuelve obesa. A los movimientos antibelicistas se los tacha de antipatrióticos mientras que todo el mundo paga impuestos para matar ciudadanos de un país que nunca ha hecho nada a Estados Unidos. Todos utilizamos la proyección para evitar mirar en nuestro interior.

Debes darte cuenta de que lo anterior es una defensa inconsciente. La plantilla de la proyección es la siguiente afirmación: «No puedo admitir lo que siento, por lo tanto, imaginaré que lo sientes tú», De ahí que, si no puedes sentir tu propia ira, calificas de violento y temible a un grupo dentro de una sociedad. Si inconscientemente tienes sentimientos sexuales que consideras tabú, como sentir atracción por alguien del mismo sexo o tienes pensamientos de infidelidad, piensas que los demás están proyectando esos sentimientos contra ti.

La proyección es muy eficaz. Un falso estado de autoaceptación es el que se basa en «Yo soy bueno, pero tú no». Sin embargo, la verdadera autoaceptación se extiende a otras personas; cuando estás bien contigo mismo, no hay razón para condenar a nadie.

¿Estás proyectando?

Estas son las formas típicas en las que solemos proyectar:

SUPERIORIDAD: «Se que soy mejor que tú. Tienes que darte cuenta y reconocerlo».

INJUSTICIA: «Es injusto que me pasen cosas malas» o «No me lo merezco».

ARROGANCIA: «Soy demasiado orgulloso para preocuparme de ti. Tu mera presencia me irrita».

ESTAR A LA DEFENSIVA: «Me estás atacando, por lo tanto, no te escucho».

CULPAR: «Yo no he hecho nada. Todo es culpa tuya».

IDEALIZAR A LOS DEMÁS: «Mi padre era corno un dios cuando yo era pequeño», «mi madre era la mejor del mundo» o «El hombre con el que me casaré será héroe».

PREJUICIOS: «Ése es uno de ellos y ya sabes cómo son» o «Ten cuidado. Los de su calaña son peligrosos».

CELOS: «Vas a traicionarme, Lo presiento».

PARANOIA: «Vienen contra mí» o «Veo una conspiración que nadie más puede ver».

Cuando aparece alguna de estas actitudes, hay un sentimiento inconsciente oculto en la sombra al que no puedes enfrentarte. Estos son algunos ejemplos típicos:

SUPERIORIDAD: disfraza el sentimiento de que eres un fracasado o de que los demás te rechazarán si saben cómo eres realmente.

INJUSTICIA: disfraza el sentimiento de que eres un pecador o que siempre se te debe culpar por algo.

ARROGANCIA: disfraza la ira reprimida, bajo la cual se oculta un profundo dolor.

ESTAR A LA DEFENSIVA: disfraza el sentimiento de que no eres válido y que eres débil. Salvo que te defiendas de los demás empezarás a atacarte a ti mismo.

CULPAR: disfraza el sentimiento de que tienes defectos y que debes avergonzarte de ti mismo.

IDEALIZAR A LOS DEMÁS: disfraza el sentimiento de que eres un niño débil e indefenso que necesita protección y al que hay que cuidar.

PREJUICIOS: disfraza el sentimiento de que eres inferior y que mereces el rechazo.

CELOS: disfraza tu propio impulso de desviarte o tu sentimiento de no considerarte normal sexualmente.

PARANOIA: disfraza una ansiedad abrumadora y muy consolidada.

Como verás, la proyección es mucho más sutil de lo que imaginas. Sin embargo, es la puerta abierta para la sombra. Es una puerta dolorosa, pues lo que consideras defectos en los demás enmascara tus sentimientos hacia ti. Lo ideal sería que pudieras dejar de culpabilizarte y condenarte. En realidad, deshacer la sombra es un proceso. Para dejar de proyectar has de poder verlo que estás haciendo, contactar con el sentimiento que se oculta bajo la superficie y hacer las paces con él.

Practicar la autobservación es de gran ayuda: ¿Qué tengo que observar en mí?

  • Mis pensamientos.
  • Mis sentimientos.
  • Y mis acciones.

Mira lo que haces: ¿es fácil reconocer que estas proyectando?

Una clave para darte cuenta es la negatividad: la proyección nunca es neutral. Se manifiesta como energía negativa porque lo que disfraza es negativo. Esto resulta ser una ayuda. Sabes cuando te sientes furioso o ansioso. Eso son sentimientos de la sombra. Pero cuando diriges tu ira hacia otra persona o un objeto, o ves razones en todas partes para tener miedo (hay negatividad), entonces hay un claro ejemplo de proyección. Espero que puedas ver la diferencia entre el sentimiento y su proyección; estar furioso es útil, mientras que canalizar la ira culpando a otros no lo es. La sociedad quiere que sigas culpando, porque el pensamiento de «nosotros contra ellos» es una forma—muy mala—de mantener unida a la población. De ahí esa vocecita interior que te dice que quieres «cazarlos»: a los terroristas, a los comunistas, a los ateos, a los traficantes de drogas, a los delincuentes o a los maltratadores de niños. La lista es interminable. En vez de creerte todas estas razones para culparlos a «ellos» y juzgarlos por sus faltas (razones que pueden ser válidas), toma otro camino diferente.

Obsérvate a ti mismo y lo que te está indicando sobre ti este juego de culpar a los demás.

Soy consciente de que no es fácil que te des cuenta cada vez que proyectas tu negatividad oculta. La negación tiene mucha fuerza. La sombra es secreta. Cuando idealizas a alguien, a un héroe que tienes en un pedestal a quien consideras perfecto, es difícil ver cualquier negatividad subyacente. Pero existe, porque en esta fantasía de la perfección de otra persona se oculta un profundo sentido de inferioridad.

Si regresas al tema de la proyección y la consultas constantemente, te resultará más fácil descubrir cuándo estás usando este mecanismo de defensa.

Contacta con tus sentimientos ocultos: en cuanto descubras que estas proyectando un sentimiento oculto tienes que contactar con él no te demores. La puerta de la oportunidad se cierra muy pronto. Pero antes de que se cierre, hay un hueco. Justo antes de que vuelvas a levantar las defensas, sientes lo que no que no quieres sentir.

Haz las paces con tus sentimientos: cuando puedas ser consciente de lo que estas sintiendo, tienes una oportunidad. De hecho, tienes varias. Puedes esconder más sentimientos. Culparte por no ser una buena persona. Atacar el sentimiento, lamentarte o disculparte. Ninguna de estas opciones es productiva. Están en manos de la sombra y refuerza el sentimiento no deseado, haciendo que se todavía más indeseado.

“Resulta extraño, pero los sentimientos tienen sentimientos”

Como forman parte de ti, saben cuándo no son deseados. El miedo coopera ocultándose; la ira coopera haciendo ver que no existe. Esto es más de la mitad del problema. ¿Cómo puedes sanar un sentimiento no deseado cuando está intentando no cooperar? No puedes. Hasta que no hagas las paces con los sentimientos negativos, éstos persistirán. La forma de hacer frente a la negatividad es reconocer que existe. No hace falta nada más. No hay confrontación dramática, ni catarsis. Siente el sentimiento, tanto si es ira, miedo, envidia, agresividad, o cualquier otra cosa, y di:

«Te reconozco, Eres parte de mí». No tienes por qué sentirte bien con tu sentimiento no deseado. Es un proceso. La ira y el miedo volverán, así como cualquier otra emoción profundamente escondida. Cuando eso suceda, reconócela. Con el paso del tiempo, llegará el mensaje. Tus sentimientos no deseados no te parecerán tan terribles.

Cuando suceda eso, empezarás a escuchar su historia. Cada sentimiento encierra una causa: «Soy así por esta razón». Ábrete a la historia que surja, sea cual sea. Todos los traumas del pasado que has experimentado, desde un accidente de coche hasta que te rechacen en el amor, desde perder el trabajo hasta el fracaso escolar, han depositado sus restos en la sombra. Has estado acumulando lo que algunos psicólogos llaman «deuda emocional con el pasado». Para pagar esta deuda, has de escuchar la historia que encierran. Por ejemplo, la historia puede ser «Nunca superé no entrar en el equipo de béisbol» o «Me siento culpable por haber robado dinero del monedero de mi madre». La mayoría de las historias se remontan a la infancia, porque es entonces cuando se aprende la culpa, la vergüenza, el resentimiento, la inferioridad y la mayor parte de la negatividad básica que acarreamos.

Cuando hayas escuchado la historia, acéptala. Piensa que tenías una buena razón para aferrarte a esa negatividad. No tenías elección, porque fue depositada en secreto y luego permaneció oculta. Por lo tanto, no hiciste nada malo. Tus viejos sentimientos se instauraron para protegerte a fin de que no se repitiera esa experiencia

A hora haz las paces con esto y habrás transformado lo negativo en positivo. El miedo no pretendía herirte; solo pensaba que tenía que estar en guardia por si otra chica o chico rechazaba, por si tu otro progenitor te regañaba u otro jefe te despedía. Pero esas cosas no van a pasar, al menos no de la misma manera.

Lo último que deseas es reciclar esas viejas emociones. Es evidente que eso es muy tentador. Cuando estamos atrapados en una situación frustrante, todos sentimos la tentación de acceder a nuestra bolsa de emociones y recurrir a la ira. En los momentos de tensión sacamos fuera nuestra ansiedad. No obstante, si sigues reciclando emociones del pasado, lo único que consigues es reforzar ese pasado.

Nadie necesita protegerse de una infancia que hace tanto que se vivió. Incluso aunque se produzcan situaciones similares—no quiere esto decir que alguien pueda predecirlas—, todos ya estamos superprotegidos. No almacenamos una razón para tener miedo, sino docenas de ellas, y para no olvidarlas, participamos del miedo colectivo respecto a nuestros enemigos, delitos, catástrofes naturales y otras cosas. No te perjudicará hacer las paces con todo el miedo, ira y agresividad que puedas. La psique seguirá recordando lo que necesita.

Cuando hayas aprendido lo que tienes que hacer con la proyección, puedes plantearte la siguiente pregunta. ¿Por qué necesitamos defendernos? Esto se convierte en una pregunta crucial, porque pone en entredicho la razón principal de la existencia de la sombra.

Paso 2. Desapégate y despréndete.

¿Por qué cuesta tanto desprenderse de las emociones negativas?

Hay más de una razón. En primer lugar, las emociones negativas son la punta del iceberg; puesto que cada vez que te enfadas sientes ansiedad hay muchos sentimientos más de ese tipo que están almacenados en la sombra.

En segundo lugar, la negatividad es pegajosa. Se nos engancha de la misma manera que nosotros nos enganchamos a ella. Esa pegajosidad es un mecanismo de supervivencia. Los sentimientos creen que tienen derecho a existir. Tus emociones justifican su existencia, igual que tú justificas la tuya. Ofrecen sus razones; construyen una historia convincente. No obstante, a pesar de todas estas cosas, cuando sabes cómo hacerlo, puedes deshacerte de la negatividad.

El proceso empieza por reconocer tus sentimientos y sacarlos a la luz, aunque no te gusten. Ya hemos hablado de ese paso. Ahora te has de desapegar de la negatividad. Aquí se produce un acto equilibrado, porque deseas responsabilizarte («Esto es mío»), pero sin exagerar ni identificarte con tu negatividad («Esto soy yo»). Tú no eres la negatividad cuando conoces a tu verdadero yo, que está más allá de la sombra. Debes considerar toda reacción negativa como si fuera una alergia o una gripe, algo que sólo cambia tu situación por el momento. La alergia es tuya, pero no es tú. La gripe te deja en un estado penoso, pero eso no significa que estés destinado a ser una persona afligida.

Cuando encuentras la forma de neutralizar la pegajosidad de tu negatividad, te vuelves más desapegado. Las siguientes afirmaciones ayudan a desapegarse:

•             «Voy a superarlo. Esto no va a durar eternamente.»

•             «Ya me he sentido así otras veces. Puedo hacerle frente.»

•             «No me sentiré mejor descargando la culpa en otra persona.»

•             «El juego de la culpa no tiene ganadores.»

•             «Fingir conduce a las lamentaciones y al sentimiento de culpa.»

•             «Puedo ser paciente. Veamos si puedo tranquilizarme un poco.»

•             «No estoy solo. Puedo llamar a alguien para que me ayude a pasar este mal momento.»

•             «Soy mucho más que mis sentimientos.»

•             «Los estados de ánimo van y vienen, incluso los peores.»

•             «Se centrarme.»

Si eres capaz de que estas afirmaciones se hagan realidad, estás cultivando tu capacidad para hacer frente a los problemas. ¿Cómo puedes conseguirlo? Deseando que sean ciertas. Has de intentar, despegarte, centrarte, tener paciencia y ser consciente. Si tienes esa intención, automáticamente habrás sintonizado con el desapego. Lo contrario es estar tan apegado que aumentas tu adhesión a la negatividad. Eso ocurre cuando tienes cierto tipo de pensamientos, ejemplos:

•             «Me siento fatal. No merezco esto. ¿Por qué a mí?»

•             «Alguien va a pagar por esto. Yo no he sido el responsable.»

•             «¿A quién puedo cargarle la culpa de esto?»

•             «Esto me está volviendo loco.»

•             «Nadie puede ayudarme.»

•             «¿Qué puedo hacer para distraerme hasta que se vaya este sentimiento?»

•             «Necesito mi droga preferida para superar esto.»

•             «Cuando me siento a si de mal, mejor que todo el mundo se aparte.»

•             «Quiero que me rescaten.»

•             «Alguien intenta perjudicarme.»

•             «Esto se ha de arreglar ahora mismo.»

•             «No puedo soportar sentirme así. Estoy que trino.»

Soy consciente de que el término «desapego» en Occidente se identifica con el fatalismo oriental o con la indiferencia. Procura que éste sea el primer concepto que reubicas en un marco positivo. El desapego no implica indiferencia. Muestra que no quieres que la negatividad se te adhiera.

NOTA: La parte 3 y última, la editamos la próxima semana.

Del libro; Luz en la Sombra.

D. Chopra/D. Ford/M. Williamson

Enviado y adecuado por:

Juan de Dios Flores Arechiga.

Twitter:@tu_sendero

Instagram: tu_sendero_la_luz

Facebook: Tu Sendero: la luz

You Tube: Juan de Dios Flores Arechiga

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *