JUICIO FINAL

El poder absoluto es tentador con un sistema en caducidad
Necesitan México y AMLO
pesos y contrapesos

Carlos Bravo Regidor, Profesor-Investigador Asociado, y Coordinador del Programa de Periodismo
del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), acaba de publicar en The New York Times, un aleccionador análisis acerca del inédito resultado electoral que sin pesos ni contrapesos partidistas e institucionales, acaba de llevar a la Presidencia de México, al candidato de MORENA, Andrés Manuel López Obrador.

Su minucioso análisis concreta así lo que el voto de los mexicanos le acaba de entregar al tabasqueño:

1.- Será el primer Presidente de la historia democrática en México, elegido por mayoría absoluta y su coalición será también de mayoría absoluta en las cámaras de Diputados y de Senadores.

2.- De las nueve gubernaturas, ganó cinco y obtuvo mayorías en diecinueve de los veintisiete congresos estatales que se renovarán.

3.- En la Cámara de Diputados, mientras con el 17% de curules el PAN será la segunda bancada más grande, el PRI será la tercera fuerza con apenas 11% de las curules.

4.- En tanto, aunque el PAN será segunda fuerza en la Cámara de Senadores, tendrá menos de la mitad de las curules que le corresponderán a MORENA.

O sea que a nivel legislativo –del que legalmente emerge lo jurídico y lo económico-, López Obrador no necesitaría de la oposición para legislar y gobernar, pues con su mayoría absoluta en el Congreso, no tendría pesos ni contrapesos que se le opusieran a nada.

Al respecto plantea el investigador del CIDE lo siguiente:

“A partir del 1 de diciembre López Obrador gobernará con apoyo popular mayoritario, con mayorías parlamentarias, tanto a nivel federal como en los estados, y con una oposición en ruinas. Este escenario tan aparentemente cómodo para el nuevo Presidente no es antidemocrático, pero puede convertirse en una bendición envenenada para su sexenio”.

Claro; llega a la Presidencia con un poder absoluto, como nadie lo había logrado, antes del defectuoso y corto periodo democrático que México ha tenido, al menos en el contexto de los noventa años del actual sistema político en decadencia.

Así entonces en el contexto del ideal teórico-democrático de pesos y contrapesos, el investigador del CIDE agrega que “las oposiciones pueden enriquecer la deliberación pública y ayudar a gestionar la pluralidad, al darle espacio a preferencias diversas. Al ser una fuente potencial de vigilancia y crítica, pueden demandar explicaciones, presionar a los gobernantes para que argumenten sus políticas y rindan cuentas. También, en la medida en que las oposiciones pueden restringir el margen de acción del gobierno y hacerle contrapeso, pueden –también- presionarlo para que sea más incluyente y compartir la carga de sus decisiones”, subraya.

Cierto. Lamentablemente, así como en el caso mexicano quedan la elección arrojó desequilibrios de pesos y contrapesos a nivel de Presidencia, Congreso de la Unión y congresos estatales –todo favorable para López Obrador-, a primera vista y ante un sistema político en caducidad –de partidos políticos híbridos y viciados con militantes de chile de mole y de dulce-, frente a ese nuevo escenario, no se avisara por lo pronto una viabilidad del equilibrio que México necesita, a menos que sobre la base del voto que eligió a López Obrador, la sociedad asuma el poder democrático, el “demos” que tiene al tabasqueño en la Presidencia.

NO A LA PASIVIDAD; NO CRUZARSE A BRAZOS

Así pues, y dado que el poder absoluto lleva implícito el elevado riesgo de la corrupción, en el momento histórico actual, es tiempo de que ciudadanos, instituciones y agrupaciones de la sociedad,  asuman la función que el investigador del CIDE, Carlos Bravo Regidor, señala acerca de la ineludible necesidad de equilibrar, frente el desequilibrio camaral con que López Obrador gana no sólo la Presidencia, sino de plano además, el Congreso en su totalidad y la mayoría de los congresos estatales.

Y al respecto advierte: Porque ese desequilibrio “puede convertirse en una bendición envenenada para su sexenio”.

Para ello será necesario tener permanentemente presente entre otras advertencias, la de John Locke, acerca de que los pesos y contrapesos institucionales, “son la principal garantía para proteger las libertades y derechos de los ciudadanos”.

Es decir, justo de lo que México ha carecido, durante los casi cien años del actual sistema político –la dictadura perfecta con que Vargas Llosa califica al vetusto sistema mexicano-, cuya caducidad por corrupción no puede seguir vigente en un cambio de época, y cuyos principales actores de todos los partidos, hoy los hacen enriquecidos y corrompidos híbridos ideológicos en todos los partidos.

Por: Germán Benítez M.