El Síndrome de Procusto

Es normal como frecuente que personas con un elevado nivel de frustración y con una autoestima escasa desarrollen el “síndrome de Procusto” que tiene su origen en la Mitología Griega, Procusto, personaje mitológico era un viejo mesonero que hospedaba a  viajeros solitarios, forasteros que por la noche cuando lograban conciliar el sueño eran atados de pies y manos a la cama de hierro en que reposaban y su anfitrión, el malévolo Procusto procedía a mutilarles su extremidades superiores o inferiores en la medida que estas rebasaban el tamaño de su lecho, o en caso distinto, tratándose de personas de talla corta los torturaba estirándolos.

El desgraciado personaje de la Mitología Griega nunca estaba satisfecho con el tamaño de las personas y sentía que sus tallas y medidas afrentaban a las propias, tan grave y absurdo era su estado Psicológico que en su hospedería contaba con camas de diferentes tamaños que usaba discrecionalmente para albergar a los altos y a los menudos y así poder  atormentarlos de todas formas.

Lo anterior me sirve para reflexionar acerca del ambiente que se percibe en el ánimo nacional,  los acérrimos seguidores de nuestro mandatario se ofenden con los que poseen mayor fortuna o talento que ellos (por mínima que esta diferencia sea) como les molesta que quienes no los rebasen (lo que resulta difícil) en fortuna o talento, no coincidan con ellos en su preferencia ideológica (si se le puede catalogar como ideológica) o partidista, en ambos casos, al no empatar con sus medidas psicológicas, las personas son seres despreciables que no le sirven ni a la patria ni a sus proceres.

Lo grave del asunto es que  por la otra parte también encontramos personas que padecen el mencionado síndrome,  demeritan a sus llamados adversarios por su aspecto físico (racismo ancestral) o por sus conceptos políticos paternalistas y populistas y por sus descalificaciones  infundadas.

Este país que es  tan suyo como mío se encuentra en crisis, en la mañana le dicen a unos conservadores, neoliberales y corruptos,  por la tarde los otros les califican como populistas e incompetentes por decirlo con mesurado estilo, cuando al verdad es que no nos merecemos ni lo uno ni lo otro, lo que realmente necesitamos es  reconsiderar nuestra actitud y nuestra conducta, se vale criticar y cuestionar a quienes no están de acuerdo con uno, se puede argumentar cuando se tienen bases, lo que no se debe es sentenciar sin juicio, calificar con adjetivos tan injustos como ofensivos a quienes no estén de acuerdo con los demás, no le puedo decir ratero o criminal a nadie si no tenemos pruebas, sobre todo si se es funcionario público y no hay un procedimiento legal completo que  avale su dicho.

Lo mejor y más sensato que procede es que todos guardemos al pequeño Procusto que guardamos en nuestro interior y demos muestra fehaciente de que en nuestra vida diaria, en la de todos los mexicanos prevalece la buena y la mejor de las voluntades por el bien de usted y por mi propio bien.

A final de la Historia mitológica a que hice referencia, otro personaje del mismo corte mitológico de nombre Teseo,  se la aplicó al cruel Procusto de la misma forma que este se condujo con sus víctimas.

Por: Alfonso Díaz Ordaz Baillères

10 de mayo de 2019