CINCO ESTRATEGIAS PARA ELIMINAR O REDUCIR LOS MIEDOS

“A continuación comparto cinco estrategias, que pueden ser utilizadas para reducir y/o eliminar los miedos”.

Son cinco herramientas que nos facilitan superar esos miedos que en ocasiones nos paralizan o frenan ante las oportunidades y los propios deseos de superación. Por ejemplo: el temor a sostener esa conversación importante que se ha estado evitando o el temor de realizar un proyecto importante.

Estas estrategias son:

  1. Acepta el miedo.

El miedo es una reacción natural. Es parte de nuestras emociones básicas. Y como cualquier emoción, tiene un mensaje: ¡prepárate y muévete! Muchos no escuchan el mensaje y pretenden negar sus miedos. Otros lo sienten pero no lo escuchan, malinterpretando el significado del miedo al creer que te está gritando “¡No hagas nada! ¡No sirves para esto! ¡Detente!”.

No pretendas no tener miedo. No esperes que el miedo desaparezca antes de avanzar—como veremos más adelante, la cosa es al revés. Lo que hace al valiente no es la ausencia del miedo, sino su capacidad para atreverse.

Por definición, el atreverte a algo supone que vences un temor o una percepción de riesgo.

Permítete sentir el miedo, ya que si lo resistes le estarás dando más fuerza y poder sobre ti. Aquello que resistes, persiste. Lo que aceptas, puedes aprender a aprovechar.

Cuando piensas en los proyectos que quieres iniciar, o en las metas por concretar, o en la decisión crucial por asumir ¿sientes miedo? Si es así, comienza por aceptarlo y por entender que el miedo no significa que no debas iniciar, concretar o asumir. No le tengas miedo al miedo. Interpretarlo como una señal para estar alerta, prepárate y continúa avanzando conscientemente.

“Un maestro me decía; al miedo tienes que asustarlo… ¿pregunté cómo lo hago? Enfrentarlo y cuando se da cuenta que ya lo sentiste, se reduce o se elimina de inmediato”. 

  1. Suelta la pretensión de hacerlo todo a la perfección.

El éxito no es la ausencia del fracaso, sino la capacidad para volverte a levantar un poco más sabio y con la determinación de ser más persistente.

¿Eres de los que siguen atrasando sus propios logros por temer a no ser capaz de alcanzar un supuesto estándar de perfección? No hay que hacer todo perfecto. Tan sólo hay que ponerlo en movimiento. Lo que hay que hacer es avanzar, sí; conscientemente.

Hay quienes se rigen o, mejor dicho, se auto-limitan por la idea “A mí me gustan hacer las cosas bien o si no, mejor no las hago. Si no puedo hacerlo bien, entonces no es el momento”.

Así, con esta excusa inteligentemente estructurada, esconden su miedo a fallar, a ser rechazados por no cumplir con un estándar de perfección que los demás esperan.

Lo más práctico y funcional, en relación a tu deseo de éxito y progreso, es pensar que todo lo que es importante, vale la pena arriesgarse a hacerlo, y si sale mal; que sea útil hasta que lo hagamos mejor.

No estoy diciendo que adoptes una actitud de mediocridad. Pero sí que te des cuenta de cómo a veces puedes estar frenando tu éxito por tener pretensiones que, si bien lucen muy bien y son expresadas desde un lenguaje de “excelencia”, alimentan temores infundados y no son eficaces.

El que llega lejos no es quien hace su trayecto con impecabilidad inmaculada y perfección idílica, sino quién se atreve a dar un simple paso tras otro. En ocasiones fallando. En momentos cayendo y en otros levantándose. Pero siempre adelante, poniendo el aprendizaje y la acción antes que la perfección.

 No temas fallar. El fracaso es una fuente de sabiduría y fortalecimiento, indispensable para el éxito. No lo evites. Suelta tu pretensión de perfección. Y muévete.

  1. Apuéstale a tu bienestar.

El miedo es una apuesta mental al peor escenario. Y pasa a ser una profecía que busca cumplirse. Pero no es más que una manera de pensar ante tus desafíos que puedes cambiar por otras más productivas y eficaces.

Imagina que estás a punto de entrar a jugar un juego (fútbol, béisbol, tenis, golf, cualquiera que sea tu deporte favorito sirve para ilustrar la idea).

¿Qué sucede si entras a jugar el juego con un pensamiento perdedor?

“No lo vamos a lograr. El otro equipo es mejor. Esto va a salir mal…”. Si eso es lo que piensas mientras avanzas para tomar posición en el terreno de juego, cómo crees que serán tus posibilidades de éxito. ¡Mínimas!

El principio es muy simple: no se puede pretender ganar un juego al cual se ingresa con un pensamiento perdedor.

La mayor posibilidad de ganar el juego es entrando a jugar con un pensamiento ganador.

Claro qué, pensar, sentir y creer en ganar no es garantía de éxito, no es suficiente. Comúnmente se requieren también, competencias, talentos y emociones para asegurar el triunfo.

Muchas personas mantienen un diálogo interno; “¿Y si no puedo? ¿Y si me equivoco? ¿Y si no me queda bien? ¿y si fracaso?”.

¿Y si sí es posible? ¿Y si sí lo puedes lograr? ¿Y si descubres que eres más de lo que creías? ¿Le apuestas al éxito o al fracaso?

Si te encuentras generando pensamientos perdedores o negativos en tu mente, sustitúyelos inmediatamente por ideas ganadoras…por pensamientos positivos. Así podrás ejercitar el hábito mental para atreverte a dar el próximo paso.

Tu miedo se alimenta del pensamiento perdedor, ese que predetermina lo peor.

Y el mismo se debilitará en la medida que dobles tu apuesta a que ¡sí es posible!

  1. Visualiza tu éxito.

Preocupación, temor, miedo, pánico; son diferentes niveles de un mismo proceso psico-emocional que se alimenta de las imágenes que proyectas en tu pantalla mental.

¿Alguna vez has visto una película que te desagradó o te pareció mala o demasiado negativa para tu gusto?

Apuesto a que no estuviste, las semanas siguientes, recomendándole a tus amigos a que la vieran; mucho menos volviste a someterte al martirio de verla una vez más.

Entonces ¿qué estás haciendo con tus películas mentales? ¿Acaso estás pasando por centésima vez la película indeseable que presagia tu fracaso y fortalece tu miedo?

El cobarde visualiza su fracaso y con éstas imágenes debilita su capacidad de avance. El valiente, por el contrario y aun experimentando el miedo, deliberadamente comienza a construir imágenes de éxito que fortalecen su auto-confianza.

El miedo, así como el entusiasmo, se nutre de tus imágenes mentales. Si te encuentras paralizado por tus emociones, toma conciencia de tu película mental. Edítala si es necesario. O mejor todavía, cámbiala del todo.

¿Cómo te sientes cuando ves una película motivadora, ganadora, evocadora?

Apodérate de imágenes mentales y emocionales que motiven tu capacidad de crear o producir pensamientos, sentimientos y acciones que te guíen al triunfo que tú has definido.

 Y asegúrate de proyectar tu película ganadora una y otra vez.

  1. No morirás en el intento.

¿Qué es lo peor que te puede pasar? Hazte la pregunta y verás que en el 99,9% de los casos, incluso lo peor lo podrías manejar y superar.

¿Así que para qué seguir esperando?

El mejor antídoto del miedo es la acción. Es el movimiento que le proporciona un mensaje claro y directo a tu cerebro: ¡Voy hacia delante!

Habrá momentos en que nos demos cuenta cómo inconscientemente estamos esperando a que el miedo se vaya o se esfume para poder hacer algo al respecto.

Es como si se colocara a la ausencia del miedo como condicionante a la capacidad de creación y acción. Y espero. Y espero. Hasta que recuerdo que el truco es invertir los factores: poner la acción antes que esperar por la ausencia del miedo.

Al atreverte a dar el paso que se teme, por pequeño que éste sea, es cuando él miedo comienza a desaparecer. No al revés. El truco está no en esperar que el miedo se esfume, sino en recordar que el movimiento es lo que debilita a las emociones paralizantes.

Al dar ese paso el cerebro se da cuenta de que, después de todo, no se muere uno en el intento. No pasó nada que atentara contra la integridad física; nada de lo cual no se pueda aprender; nada que no sea posible superar. Así que demos el siguiente paso… Y otro más…y otro… hasta que se logre lo que se quiere.

Pronto te darás cuenta que con cada paso el miedo se esfuma, se va, se pierde; porqué ya no está lo que le daba sustento: tu resistencia, tu pretensión de perfección, tu apuesta a lo peor, tus imágenes catastróficas y tu parálisis.

 

Juan De Dios Flores Arechiga.

Mentor y Terapeuta Holístico.

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