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Al México tan acostumbrado a la violencia lo ha sacado de su sosiego el atentado espectacular cometido por el CJNG, sospechoso habitual de todos los crímenes del sexenio, contra Omar García Harfuch, secretario de Seguridad ciudadana de la Ciudad de México.

El propósito del CJNG no solo era asesinar a García Harfuch, responsable de la corporación policíaca más importante del país, uno de los funcionarios públicos mejor cualificados, hijo de García Paniagua y nieto de García Barragán, sino abofetear en el rostro al Estado, desbalancearlo, debilitar su estrategia de seguridad, declararle la guerra pública y estrepitosamente. Lo primero, por fortuna, no se cumplió; lo segundo, sí, en toda regla:

El ataque significó una afrenta por el perfil de la víctima, por su complejidad, por su potencia de fuego; porque fue ejecutado en la capital del país, donde nunca se había producido un hecho de estas características, y en las narices de los aparatos de inteligencia, sorprendidos a pie cambiado; porque ocurrió al tiempo que el presidente está haciendo la maleta para visitar al masiosare…

¿Qué impulsó al CJNG a desafiar dramáticamente al Estado? ¿La audacia de los jaliscienses es señal de que están empoderados o de que están disminuidos? ¿La virulencia de los esbirros del Mencho indica que la estrategia de seguridad del gobierno federal está fallando o, al contrario, que está siendo exitosa?

Paradójicamente, ambas narrativas son correctas:

Atrapado en sus circunstancias, el gobierno no puede dar marcha atrás en su estrategia de abrazos, no balazos; es decir, no puede retomar la ruta de sus predecesores, la de aventarse a lo borr[ol]as a un enfrentamiento directo contra el narco. La liberación de Ovidio Guzmán, en 2019 reafirmó la convicción del comandante en jefe de que no se impondrá el orden a cualquier sangriento precio. Los criminales son atrevidos porque saben que al final del día no terminarán pulverizados con la Minigun M134 de un Black Hawk de la SEMAR.

Esto no significa, sin embargo, que el gobierno esté esperando de brazos abiertos a que las mamás de los narcos les corrijan a chanclazos. La táctica ha sido golpearlos donde más les duele: en sus carteras, en su poder económico mediante la discreta labor de inteligencia financiera. Seguramente, al CJNG le cabreó más que la UIF le congelara 2 mil cuentas, a principios de mes que la extradición del Menchito a Estados Unidos, en febrero.

En ese intersticio crítico en donde todo se (cuarta)transforma, en donde coinciden las viejas y las nuevas formas de gobernar, de combatir a la delincuencia, de procurar la justicia, etc., derrumbándose violentamente unas y consolidándose paulatinamente las otras, se abren vacíos de poder que las organizaciones criminales tratan de ocupar a las bravas.

Decía Bertolt Brecht, resumiendo a Gramsci, que “las crisis ocurren cuando lo viejo no ha acabado de morir y lo nuevo no ha acabado de nacer”.

Lo viejo morirá y nacerá lo nuevo, sin duda. Mientras tanto, la sangre seguirá corriendo.

Por: Francisco Baeza

@paco_baeza_

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